Sabido es que el neoliberalismo edifica, sobre el derrumbe del proyecto civilizatorio y la aniquilación del sujeto moderno, a un individuo autista y acrítico, ensimismado en el goce de los objetos de consumo e indiferente a toda dimensión política para la existencia humana.
Con perplejidad pudimos ver, con motivo de la crisis en el Banco Central, la más paradigmática puesta en escena de la cosmovisión neoliberal. Martín Redrado, especie de ejemplar de mejor porte de la ideología de mercado, ideal del Yo de cuanto aspirante a yuppie habita el rebaño y promotor de un goce amasado con las harinas de un discurso que promete la segura asunción imaginaria a líder de perfil primermundista, representó al pie de la letra el libreto. Entre otras cosas, dijo: “yo trabajo, no opino”, como si decir eso no fuera ya una opinión, que revela en este caso una descalificación de la razón y el pensamiento, es decir del sujeto propiamente humano, en función de un sometimiento irrestricto a un mandato capitalista de “productividad” y “eficiencia”.
Es que la ideología neoliberal pretende, con las cartas de presentación de la “objetividad” y la “técnica”, presentarse bajo los atuendos de una falta de ideología. En realidad esto constituye el más efectivo ardid para desplegar una visión del mundo limitada a la especulación financiera y a los negociados de los grupos económicos, a la vez que intenta desacreditar la política y la participación del Estado en el manejo de la cosa pública.
Es definitiva, el conflicto por el Banco Central va mucho más allá de las acciones legalistas-desestabilizadoras del tal Redrado o de si es o no correcto recurrir al uso de una parte de las reservas de dinero para pagar bonos de la deuda externa (lo cual puede ser materia de discusión).
Lo que en todo caso está en el centro del debate es si a la economía de los países la manejarán directamente la especulación financiera y los grupos corporativos, capaces de multiplicar sus ganancias y desestabilizar gobiernos cuando estos no se limitan a ser meros gerentes propiciadores de la rapiña, o si a la economía la manejará la política de Estado en función del interés general de los habitantes.
ANTONIO GUTIÉRREZ
CARTA ABIERTA SALTA
28 de enero de 2010
25 de enero de 2010
Los Atilas mediáticos
Es evidente que a través de las décadas los golpes de estado, y las destituciones a los gobiernos no propicios a los intereses oligárquicos, han cambiado de atuendo. El recurso de tocar la puerta de los cuarteles dominó durante buena parte del siglo XX y tuvo su apogeo en los años 70 con la doctrina de la seguridad nacional y el proceso de reorganización nacional en la Argentina. Luego, ya barrida la cancha por los militares e instalado a sus anchas el neoliberalismo sobre los países, las dictaduras militares y sus métodos se tornaron más o menos inconvenientes para la expansión de los negocios y para la hegemonía del mercado como el amo absoluto. Fue necesaria entonces la restitución de la democracia, pero reducida ésta a su aspecto formal, como un mero acto eleccionario. Es decir, la tiranía del mercado detesta las dictaduras e instala su totalitarismo en nombre de la democracia y las libertades. Se necesitó entonces de otras circunstanciales estrategias destituyentes y se mandó provisoriamente al freezer, hasta nuevo aviso, a los golpes militares; devino así, durante el período del gobierno de Raúl Alfonsín, el llamado golpe económico, la desestabilización de la economía, el recurso de la hiperinflación, el inducido saqueo a los supermercados, etc. Hoy, durante los gobiernos kirschneristas, ninguna de esas dos tácticas daría mayormente resultado. Primero porque en los cuarteles hubo algunas transformaciones y ya no parecen estar tan dispuestos a ser nuevamente utilizados, y, segundo, porque no se ha podido, a pesar de todos los esfuerzos de los grupos económicos corporativistas y de los sectores de la burguesía, estropear del todo el desempeño de la economía.
Lo que aparece por consiguiente al alcance de la mano golpista es el poder mediático y los intentos de crear un clima de inseguridad, de ingobernabilidad y de anarquía en el país. Ese actual oposicionismo político, irresponsable y salvaje, se hace en nombre del bien común y de un supuesto desarrollo para el país, aunque en realidad no está motorizado más que por las conveniencias particulares y los intereses puramente corporativos. Lo que menos cuenta en todo este asunto es el interés general y la suerte de la nación. En la era de los individualismos y de la inmediatez, algunos opositores al gobierno, echando mano al terrorismo mediático e imponiendo una lógica de tierra arrasada, buscan erigirse victoriosos sobre las cenizas y los restos humeantes de una confrontación que tiene a los medios de comunicación como el campo de batalla y a la mentira, la calumnia, la deformación de las noticias, etc. como las armas más letales.
Es curioso, hoy la desestabilización institucional y los golpes de estado, como en Honduras, se hacen en nombre de la democracia y de la preservación de la institucionalidad republicana, así como la consolidación de los intereses de la derecha burguesa, sus privilegios, el aumento geométrico de las desigualdades sociales, se realizan, por ejemplo, en nombre de un combate a las causas de la pobreza y la marginalidad crecientes. Asistimos a un tiempo de paradojas a cielo abierto, en el que la derecha intenta apropiarse, aunque con fines contrarios a los que enuncia, de las banderas y de los conceptos que tradicionalmente eran propios de los movimientos emancipadores y de los sectores progresistas. Precisamente aquellos individuos que con mayor entusiasmo apoyaron las políticas neoliberales y promovieron la desaparición del Estado, son quienes ahora más pretenden desentenderse de los estragos causados por esas mismas políticas (a las que continúan adhiriendo) e endilgan dichos males a los gobiernos que, por el contrario, intentan contrarrestar en alguna medida el determinismo y la absolutización del mercado. Primero destruyen el Estado y luego lo acusan de estar ausente en temas, por ejemplo, como la seguridad, el combate a la pobreza, etc. Es decir, por un lado piden dejar todo en manos de sabio mercado que, según los neoliberales, todo lo regula y coloca en su justo sitio, pero por otro después acusan a los gobiernos de inacción ante los desastres que ese mismo sabio mercado ocasiona.
Las recientes declaraciones de inconstitucionalidad de algunos artículos de la Ley de Medios Audiovisuales, por parte de algunos jueces, van en esa misma dirección paradójica: terminan poniendo en peligro la institucionalidad en nombre de las instituciones, instalan la desobediencia en nombre del respeto a las normas, relativizan la ley en nombre de las leyes y la Constitución, de algún modo, aun sin quererlo, desestabilizan en nombre de la convivencia republicana. En realidad nada de eso se hace sino en función de un sometimiento a los mandatos corporativos y de un embate de la derecha ante los posibles cambios de concepción social y económica. Es decir, no se trata de un problema de legalidad sino de intereses de clase e ideologías. El príncipe de Maquiavelo retrocedería espantado. No estamos precisamente ante la presencia de tiernos y bienintencionados opositores que cual bellos pastores virgilianos conducen su rebaño al son del caramillo. ¿O acaso alguien puede creer que toda esta movida opositora se lleva a cabo en defensa de los consumidores y la libre elección de los usuarios? Lo que está en juego, en última instancia, no es una mera cuestión de aplicabilidad de la norma, sino si al mundo lo gobernarán definitivamente las corporaciones y los grupos económicos o si lo harán los Estados nacionales, es decir, si el planeta será repartido para siempre entre unos pocos o si, por el contrario, tratará de incluir a todos.
CARTA ABIERTA - SALTA
ANTONIO GUTIÉRREZ
Lo que aparece por consiguiente al alcance de la mano golpista es el poder mediático y los intentos de crear un clima de inseguridad, de ingobernabilidad y de anarquía en el país. Ese actual oposicionismo político, irresponsable y salvaje, se hace en nombre del bien común y de un supuesto desarrollo para el país, aunque en realidad no está motorizado más que por las conveniencias particulares y los intereses puramente corporativos. Lo que menos cuenta en todo este asunto es el interés general y la suerte de la nación. En la era de los individualismos y de la inmediatez, algunos opositores al gobierno, echando mano al terrorismo mediático e imponiendo una lógica de tierra arrasada, buscan erigirse victoriosos sobre las cenizas y los restos humeantes de una confrontación que tiene a los medios de comunicación como el campo de batalla y a la mentira, la calumnia, la deformación de las noticias, etc. como las armas más letales.
Es curioso, hoy la desestabilización institucional y los golpes de estado, como en Honduras, se hacen en nombre de la democracia y de la preservación de la institucionalidad republicana, así como la consolidación de los intereses de la derecha burguesa, sus privilegios, el aumento geométrico de las desigualdades sociales, se realizan, por ejemplo, en nombre de un combate a las causas de la pobreza y la marginalidad crecientes. Asistimos a un tiempo de paradojas a cielo abierto, en el que la derecha intenta apropiarse, aunque con fines contrarios a los que enuncia, de las banderas y de los conceptos que tradicionalmente eran propios de los movimientos emancipadores y de los sectores progresistas. Precisamente aquellos individuos que con mayor entusiasmo apoyaron las políticas neoliberales y promovieron la desaparición del Estado, son quienes ahora más pretenden desentenderse de los estragos causados por esas mismas políticas (a las que continúan adhiriendo) e endilgan dichos males a los gobiernos que, por el contrario, intentan contrarrestar en alguna medida el determinismo y la absolutización del mercado. Primero destruyen el Estado y luego lo acusan de estar ausente en temas, por ejemplo, como la seguridad, el combate a la pobreza, etc. Es decir, por un lado piden dejar todo en manos de sabio mercado que, según los neoliberales, todo lo regula y coloca en su justo sitio, pero por otro después acusan a los gobiernos de inacción ante los desastres que ese mismo sabio mercado ocasiona.
Las recientes declaraciones de inconstitucionalidad de algunos artículos de la Ley de Medios Audiovisuales, por parte de algunos jueces, van en esa misma dirección paradójica: terminan poniendo en peligro la institucionalidad en nombre de las instituciones, instalan la desobediencia en nombre del respeto a las normas, relativizan la ley en nombre de las leyes y la Constitución, de algún modo, aun sin quererlo, desestabilizan en nombre de la convivencia republicana. En realidad nada de eso se hace sino en función de un sometimiento a los mandatos corporativos y de un embate de la derecha ante los posibles cambios de concepción social y económica. Es decir, no se trata de un problema de legalidad sino de intereses de clase e ideologías. El príncipe de Maquiavelo retrocedería espantado. No estamos precisamente ante la presencia de tiernos y bienintencionados opositores que cual bellos pastores virgilianos conducen su rebaño al son del caramillo. ¿O acaso alguien puede creer que toda esta movida opositora se lleva a cabo en defensa de los consumidores y la libre elección de los usuarios? Lo que está en juego, en última instancia, no es una mera cuestión de aplicabilidad de la norma, sino si al mundo lo gobernarán definitivamente las corporaciones y los grupos económicos o si lo harán los Estados nacionales, es decir, si el planeta será repartido para siempre entre unos pocos o si, por el contrario, tratará de incluir a todos.
CARTA ABIERTA - SALTA
ANTONIO GUTIÉRREZ
21 de enero de 2010
El apocalipsis pudo esperar
El año 2009 se ha retirado sin cumplir las promesas apocalípticas que,
según los diferentes augures y profetas que pululan en ciertos ámbitos
de la oposición política, entre los economistas de las principales
consultoras y en algunos medios de comunicación, debían derramarse
sobre el cuerpo y el alma de los argentinos. Los vaticinios eran
tremendistas y anunciaban, entre otras cosas, un dólar altísimo, una
economía atacada irreversiblemente por el virus de la recesión,
aislamiento internacional, default, cosechas paupérrimas, importación
de carne, colapso de la industria lechera, desaparición del trigo,
desocupación masiva, protestas sociales transformadas en polvorines
prontos a estallar ante la menor señal, violencia urbana capaz de
convertir las calles de las grandes ciudades en lo más parecido al
infierno de Dante que se pueda reconstruir en estas geografías
sureñas. Imágenes de la bancarrota y de la catástrofe que se
encargaron de repetir infinidad de veces muchos de los más preclaros e
independientes periodistas que suelen copiarse los unos a los otros en
el afán de transformar sus vaticinios en el pan cotidiano de la mesa
de los argentinos. Si viviésemos nuestras vidas de acuerdo con el
relato de los augures de la catástrofe y no como expresión de lo
realmente vivido, hace tiempo que el país se hubiera convertido en un
gigantesco campo de batalla repleto de cadáveres y asolado por todas
las pestes imaginables. Hacer el ejercicio de mirar alrededor, de
recobrar, aunque sea por un instante, la cordura que nace del vínculo
entre lo que decimos que nos pasa y lo que efectivamente nos acontece,
nos restituiría una dimensión completamente distinta del país en el
que habitamos, un país que poco o nada tiene que ver con el gran
relato que se vierte día tras día desde la corporación mediática y que
se fabrica en el interior de las usinas del establishment económico y
político.
Transcurrido el año del Armagedón, sorteados los ríos de lava que
descenderían sobre la Sodoma y la Gomorra kirchnerista, acontecido el
cruce del Rubicón que significaba el recambio parlamentario del 10 de
diciembre, todo estaría disponible para la decadencia irremediable de
aquello que se inauguró en el 2003 y se revalidó a finales del 2007.
Argentina, así lo anunciaban, estaba preparándose para abandonar la
lógica de la confrontación, el clientelismo populista sostenido sobre
los choripanes, el revanchismo de los setentistas, sus escandalosas e
impresentables “formas” políticas alejadas de las genuinas “maneras
republicanas” y el uso discrecional de la chequera oficialista. Claro
que antes de alcanzar la orilla republicana, esa que tanto añoran
nuestros defensores del establishment, seríamos lamentables testigos
de la furia desatada sobre nuestras calles, furia que nos
retrotraería, así lo decían sin sonrojarse, a diciembre de 2001.
Anunciaban y esperaban la catástrofe; se frotaban las manos y se
relamían en sus reuniones de conspiradores ante las señales del fin de
los tiempos. Imaginaban entrar en el año del Bicentenario en
condiciones de mirarse en el espejo de esa otra Argentina del primer
centenario, la del país agroexportador, granero del mundo y rectamente
gobernado por los preclaros representantes del poder económico.
Y sin embargo nada de eso sucedió. No habitamos el mejor de los
mundos, no hemos resuelto algunos de los problemas más graves y
acuciantes que atribulan a las mayorías (en especial seguimos
prisioneros de un orden económico que profundiza la desigualdad
social), pero estamos lejos de ese escenario de locura infernal que
proyectaban los apasionados defensores de la restauración
conservadora. Hubo, en el medio, una dura derrota electoral que
presagiaba el derrumbe del gobierno y que se transformó, para sorpresa
y horror de los críticos termidorianos, en un nuevo punto de partida,
en una suerte de relanzamiento de lo más interesante y significativo
que trajo al escenario argentino la presidencia de Cristina Fernández.
Junio no fue, como parecía, el principio del fin, sino la búsqueda de
otros horizontes, esos que se reencontraron con algunas de las
decisiones más significativas y revulsivas del 2008 (por ejemplo, las
medidas que nacieron después del voto no positivo de Cobos y que,
entre otras cosas, alumbraron la reestatizació n de las AFJP, la
movilidad jubilatoria y la nacionalizació n de Aerolíneas Argentinas).
Una derrota que conmovió al kirchnerismo y que le hizo recobrar su
capacidad de respuesta ante las coyunturas difíciles. Algunas de esas
respuestas constituyen, por sí solas, acontecimientos mayúsculos para
el derrotero de la democracia. El principal de ellos fue la aprobación
de la ley de servicios audiovisuales, después de uno de los debates
más intensos, interesantes y plurales que recuerda la Argentina en
relación con un proyecto de ley. Una victoria doble: contra la
herencia nefasta de la dictadura y contra las “mejoras” realizadas
durante los noventa por el menemismo en beneficio de las grandes
corporaciones mediáticas que condujeron hacia la más colosal
estructura monopólica del espacio comunicacional. Otra de las
respuestas material y simbólicamente claves, de esas que marcan un
rumbo y señalan un itinerario claramente diferenciado de la lógica
desplegada entre nosotros por la cultura neoliberal, fue la decisión
presidencial de implementar la asignación universal para todos los
niños de padres desocupados o con trabajos informales, medida que
ataca directamente el núcleo duro de la pobreza y constituye una
acción justa, reparadora e históricamente relevante, al menos en
parte, para los sectores más postergados y sufridos.
La derrota electoral en la provincia de Buenos Aires puede ser
interpretada como una oportunidad para revisar críticamente los
motivos y los errores que llevaron a que un personaje como De Narváez
se alzara con el triunfo, no sólo conquistando ampliamente a los
sectores altos y medios, sino, más grave y preocupante, penetrando con
su discurso pergeñado por publicistas y potenciado por la estética
tinellista, en los sectores populares. Quedó claro que la pejotización
terminó por perjudicar a Kirchner, que pagó el precio de abandonar una
de sus ideas constitutivas, aquella de la transversalidad y de los
frentes capaces de incluir a diversos actores del campo popular. Quedó
claro que no alcanza con llevar a los intendentes a la cabeza de las
listas, que las candidaturas testimoniales horadaron prestigio y
proyecto mientras quedó diluido el núcleo fundamental de lo que
debería ser un proyecto de genuina profundizació n de los cambios.
Quedó claro que en los territorios calientes del Gran Buenos Aires,
allí donde se sigue amasando la pobreza y la miseria, el kirchnerismo
no supo o no quiso encontrar los modos directos de la interpelación
que se correspondiesen con acciones reparadoras visibles, como si no
hubiera sido capaz de abandonar la forma superestructural y aparatista
de la política para reconstruir base de sustentación popular de un
gobierno que la necesita y mucho si quiere enfrentar con alguna
posibilidad el avance de la derecha restauracionista. Junio sirvió
para no cometer los mismos errores, para aprender de una derrota que,
leída desde esta perspectiva, incluso puede acabar convirtiéndose en
una oportunidad de cara a los desafíos que se abren de ahora en más y
teniendo como horizonte la puja electoral del 2011. Entre otras cosas
no menores, los resultados electorales de Junio ponen en evidencia que
al kirchnerismo sólo le puede quedar bien el traje de aquello que por
no encontrar una definición más atinada denominamos el
centroizquierda; un traje que exige generosidad política y garantías
de estar siguiendo un rumbo que vaya en dirección a la profundizació n
de aquellas medidas capaces de reducir la brecha de la desigualdad, de
abrir los canales de participación popular, de democratizar más y
mejor la gestión de gobierno, de ofrecer claras señales respecto al
cuidado del medio ambiente y a la efectiva puesta de límites a los
diversos tipos de explotación de las riquezas naturales del país, de
cambiar, como se hizo con la ley de medios, la legislación que
mantiene el privilegio, donado por la dictadura, de los grandes
negocios financieros, unido esto a una indispensable reforma
impositiva. Acciones, todas, destinadas, insisto, a marcar un rumbo, a
darle visibilidad a un proyecto de país capaz de recrear una cierta
mística política de clara matriz democrática y popular. Reconquistar
apoyo social, incluyendo la indispensable interpelación de ciertos
sectores medios que hoy rechazan al Gobierno, supone un esfuerzo de
renovación de prácticas y de lenguajes políticos, del mismo modo que
también exige posicionamientos claros y directos contra las formas
visibles de corrupción estatal, tanto la heredada como la que se
desplegó en los últimos años. Sin querer transformar la cuestión de la
corrupción en un eje central (lo que suele hacer el discurso del
establishment y de las políticas restauradoras de matriz neoliberal),
sí es necesario dar señales contundentes de saneamiento de las
prácticas públicas y estatales. No se trata, por supuesto, de lavarle
la cara al kirchnerismo y volverlo “presentable” para la buena
sociedad, que ya no quiere conflictos ni crispaciones; su lugar
original en el presente argentino es haber logrado reintroducir la
política y, en no menor medida, haber logrado escandalizar a aquellos
poderes que creían ser los dueños definitivos del pasado, del presente
y del futuro.
El 2009 también puso en evidencia, por si alguien no lo supiera o se
hiciera el distraído, qué tipo de gestión puede llevar adelante la
derecha. El macrismo en la ciudad de Buenos Aires ofreció toda una
batería de brutalidades, ineficiencias y decisiones desatinadas que
tuvieron sus dos puntos culminantes en, primero, el bochorno del Fino
Palacios como el primer jefe de una policía que antes siquiera de ser
puesta en funciones termina con su cuerpo entre las cuatro paredes de
una celda, a la que probablemente le siga el segundo jefe nombrado por
Macri al que tuvo que destituir por las escuchas ilegales; para luego
rematar su “audaz” gestión con el fallido nombramiento de Abel Posse
al frente del Ministerio de Educación, convirtiéndolo en el ministro
que menos tiempo estuvo en el cargo y que tuvo que abandonarlo después
de lanzar una serie de ideas de un reaccionarismo ultramontano. Lo que
se cayó fue la máscara de una derecha light, signada por las estéticas
posmodernas y las retóricas políticamente correctas. Lo que se puso en
evidencia es, por un lado, sus límites y su incapacidad, y, por el
otro lado, la matriz reaccionaria que se guarda en su interior, esa
que asumió los rostros impresentables del comisario preso y del
escritor ultraautoritario. El macrismo anticipó, lo haya querido o no,
lo que puede llegar a ser un gobierno de la derecha, ese escenario
posible si en el 2011 las fuerzas democráticas, populares y
progresistas no logran comprender lo que verdaderamente está en juego
en la Argentina de hoy.
Muchas otras cosas sucedieron en el 2009, pero lo que quedó
definitivamente claro es que los augures y profetas, los anunciadores
berretas del apocalipsis, fracasaron en todos sus pronósticos. El
Gobierno tiene grandes desafíos por delante y será permanentemente
puesto a prueba allí donde no logre dar señales claras de hacia dónde
y con quiénes intenta ir. En este sentido, el 2010 puede ser un año
más que significativo para ir delineando hacia dónde rumbeará el país
en los próximos tiempos. Aprender del 2009 significa, entre otras
cosas, abrirse con generosidad hacia nuevas formas de construcción
política, esas que sean capaces de salir a pelearle a la derecha
apelando a lo mejor de las tradiciones populares y progresistas.
Veremos, entonces, qué se aprendió de un año tan decisivo, complejo e
intenso como lo fue el que acabamos de abandonar.
según los diferentes augures y profetas que pululan en ciertos ámbitos
de la oposición política, entre los economistas de las principales
consultoras y en algunos medios de comunicación, debían derramarse
sobre el cuerpo y el alma de los argentinos. Los vaticinios eran
tremendistas y anunciaban, entre otras cosas, un dólar altísimo, una
economía atacada irreversiblemente por el virus de la recesión,
aislamiento internacional, default, cosechas paupérrimas, importación
de carne, colapso de la industria lechera, desaparición del trigo,
desocupación masiva, protestas sociales transformadas en polvorines
prontos a estallar ante la menor señal, violencia urbana capaz de
convertir las calles de las grandes ciudades en lo más parecido al
infierno de Dante que se pueda reconstruir en estas geografías
sureñas. Imágenes de la bancarrota y de la catástrofe que se
encargaron de repetir infinidad de veces muchos de los más preclaros e
independientes periodistas que suelen copiarse los unos a los otros en
el afán de transformar sus vaticinios en el pan cotidiano de la mesa
de los argentinos. Si viviésemos nuestras vidas de acuerdo con el
relato de los augures de la catástrofe y no como expresión de lo
realmente vivido, hace tiempo que el país se hubiera convertido en un
gigantesco campo de batalla repleto de cadáveres y asolado por todas
las pestes imaginables. Hacer el ejercicio de mirar alrededor, de
recobrar, aunque sea por un instante, la cordura que nace del vínculo
entre lo que decimos que nos pasa y lo que efectivamente nos acontece,
nos restituiría una dimensión completamente distinta del país en el
que habitamos, un país que poco o nada tiene que ver con el gran
relato que se vierte día tras día desde la corporación mediática y que
se fabrica en el interior de las usinas del establishment económico y
político.
Transcurrido el año del Armagedón, sorteados los ríos de lava que
descenderían sobre la Sodoma y la Gomorra kirchnerista, acontecido el
cruce del Rubicón que significaba el recambio parlamentario del 10 de
diciembre, todo estaría disponible para la decadencia irremediable de
aquello que se inauguró en el 2003 y se revalidó a finales del 2007.
Argentina, así lo anunciaban, estaba preparándose para abandonar la
lógica de la confrontación, el clientelismo populista sostenido sobre
los choripanes, el revanchismo de los setentistas, sus escandalosas e
impresentables “formas” políticas alejadas de las genuinas “maneras
republicanas” y el uso discrecional de la chequera oficialista. Claro
que antes de alcanzar la orilla republicana, esa que tanto añoran
nuestros defensores del establishment, seríamos lamentables testigos
de la furia desatada sobre nuestras calles, furia que nos
retrotraería, así lo decían sin sonrojarse, a diciembre de 2001.
Anunciaban y esperaban la catástrofe; se frotaban las manos y se
relamían en sus reuniones de conspiradores ante las señales del fin de
los tiempos. Imaginaban entrar en el año del Bicentenario en
condiciones de mirarse en el espejo de esa otra Argentina del primer
centenario, la del país agroexportador, granero del mundo y rectamente
gobernado por los preclaros representantes del poder económico.
Y sin embargo nada de eso sucedió. No habitamos el mejor de los
mundos, no hemos resuelto algunos de los problemas más graves y
acuciantes que atribulan a las mayorías (en especial seguimos
prisioneros de un orden económico que profundiza la desigualdad
social), pero estamos lejos de ese escenario de locura infernal que
proyectaban los apasionados defensores de la restauración
conservadora. Hubo, en el medio, una dura derrota electoral que
presagiaba el derrumbe del gobierno y que se transformó, para sorpresa
y horror de los críticos termidorianos, en un nuevo punto de partida,
en una suerte de relanzamiento de lo más interesante y significativo
que trajo al escenario argentino la presidencia de Cristina Fernández.
Junio no fue, como parecía, el principio del fin, sino la búsqueda de
otros horizontes, esos que se reencontraron con algunas de las
decisiones más significativas y revulsivas del 2008 (por ejemplo, las
medidas que nacieron después del voto no positivo de Cobos y que,
entre otras cosas, alumbraron la reestatizació n de las AFJP, la
movilidad jubilatoria y la nacionalizació n de Aerolíneas Argentinas).
Una derrota que conmovió al kirchnerismo y que le hizo recobrar su
capacidad de respuesta ante las coyunturas difíciles. Algunas de esas
respuestas constituyen, por sí solas, acontecimientos mayúsculos para
el derrotero de la democracia. El principal de ellos fue la aprobación
de la ley de servicios audiovisuales, después de uno de los debates
más intensos, interesantes y plurales que recuerda la Argentina en
relación con un proyecto de ley. Una victoria doble: contra la
herencia nefasta de la dictadura y contra las “mejoras” realizadas
durante los noventa por el menemismo en beneficio de las grandes
corporaciones mediáticas que condujeron hacia la más colosal
estructura monopólica del espacio comunicacional. Otra de las
respuestas material y simbólicamente claves, de esas que marcan un
rumbo y señalan un itinerario claramente diferenciado de la lógica
desplegada entre nosotros por la cultura neoliberal, fue la decisión
presidencial de implementar la asignación universal para todos los
niños de padres desocupados o con trabajos informales, medida que
ataca directamente el núcleo duro de la pobreza y constituye una
acción justa, reparadora e históricamente relevante, al menos en
parte, para los sectores más postergados y sufridos.
La derrota electoral en la provincia de Buenos Aires puede ser
interpretada como una oportunidad para revisar críticamente los
motivos y los errores que llevaron a que un personaje como De Narváez
se alzara con el triunfo, no sólo conquistando ampliamente a los
sectores altos y medios, sino, más grave y preocupante, penetrando con
su discurso pergeñado por publicistas y potenciado por la estética
tinellista, en los sectores populares. Quedó claro que la pejotización
terminó por perjudicar a Kirchner, que pagó el precio de abandonar una
de sus ideas constitutivas, aquella de la transversalidad y de los
frentes capaces de incluir a diversos actores del campo popular. Quedó
claro que no alcanza con llevar a los intendentes a la cabeza de las
listas, que las candidaturas testimoniales horadaron prestigio y
proyecto mientras quedó diluido el núcleo fundamental de lo que
debería ser un proyecto de genuina profundizació n de los cambios.
Quedó claro que en los territorios calientes del Gran Buenos Aires,
allí donde se sigue amasando la pobreza y la miseria, el kirchnerismo
no supo o no quiso encontrar los modos directos de la interpelación
que se correspondiesen con acciones reparadoras visibles, como si no
hubiera sido capaz de abandonar la forma superestructural y aparatista
de la política para reconstruir base de sustentación popular de un
gobierno que la necesita y mucho si quiere enfrentar con alguna
posibilidad el avance de la derecha restauracionista. Junio sirvió
para no cometer los mismos errores, para aprender de una derrota que,
leída desde esta perspectiva, incluso puede acabar convirtiéndose en
una oportunidad de cara a los desafíos que se abren de ahora en más y
teniendo como horizonte la puja electoral del 2011. Entre otras cosas
no menores, los resultados electorales de Junio ponen en evidencia que
al kirchnerismo sólo le puede quedar bien el traje de aquello que por
no encontrar una definición más atinada denominamos el
centroizquierda; un traje que exige generosidad política y garantías
de estar siguiendo un rumbo que vaya en dirección a la profundizació n
de aquellas medidas capaces de reducir la brecha de la desigualdad, de
abrir los canales de participación popular, de democratizar más y
mejor la gestión de gobierno, de ofrecer claras señales respecto al
cuidado del medio ambiente y a la efectiva puesta de límites a los
diversos tipos de explotación de las riquezas naturales del país, de
cambiar, como se hizo con la ley de medios, la legislación que
mantiene el privilegio, donado por la dictadura, de los grandes
negocios financieros, unido esto a una indispensable reforma
impositiva. Acciones, todas, destinadas, insisto, a marcar un rumbo, a
darle visibilidad a un proyecto de país capaz de recrear una cierta
mística política de clara matriz democrática y popular. Reconquistar
apoyo social, incluyendo la indispensable interpelación de ciertos
sectores medios que hoy rechazan al Gobierno, supone un esfuerzo de
renovación de prácticas y de lenguajes políticos, del mismo modo que
también exige posicionamientos claros y directos contra las formas
visibles de corrupción estatal, tanto la heredada como la que se
desplegó en los últimos años. Sin querer transformar la cuestión de la
corrupción en un eje central (lo que suele hacer el discurso del
establishment y de las políticas restauradoras de matriz neoliberal),
sí es necesario dar señales contundentes de saneamiento de las
prácticas públicas y estatales. No se trata, por supuesto, de lavarle
la cara al kirchnerismo y volverlo “presentable” para la buena
sociedad, que ya no quiere conflictos ni crispaciones; su lugar
original en el presente argentino es haber logrado reintroducir la
política y, en no menor medida, haber logrado escandalizar a aquellos
poderes que creían ser los dueños definitivos del pasado, del presente
y del futuro.
El 2009 también puso en evidencia, por si alguien no lo supiera o se
hiciera el distraído, qué tipo de gestión puede llevar adelante la
derecha. El macrismo en la ciudad de Buenos Aires ofreció toda una
batería de brutalidades, ineficiencias y decisiones desatinadas que
tuvieron sus dos puntos culminantes en, primero, el bochorno del Fino
Palacios como el primer jefe de una policía que antes siquiera de ser
puesta en funciones termina con su cuerpo entre las cuatro paredes de
una celda, a la que probablemente le siga el segundo jefe nombrado por
Macri al que tuvo que destituir por las escuchas ilegales; para luego
rematar su “audaz” gestión con el fallido nombramiento de Abel Posse
al frente del Ministerio de Educación, convirtiéndolo en el ministro
que menos tiempo estuvo en el cargo y que tuvo que abandonarlo después
de lanzar una serie de ideas de un reaccionarismo ultramontano. Lo que
se cayó fue la máscara de una derecha light, signada por las estéticas
posmodernas y las retóricas políticamente correctas. Lo que se puso en
evidencia es, por un lado, sus límites y su incapacidad, y, por el
otro lado, la matriz reaccionaria que se guarda en su interior, esa
que asumió los rostros impresentables del comisario preso y del
escritor ultraautoritario. El macrismo anticipó, lo haya querido o no,
lo que puede llegar a ser un gobierno de la derecha, ese escenario
posible si en el 2011 las fuerzas democráticas, populares y
progresistas no logran comprender lo que verdaderamente está en juego
en la Argentina de hoy.
Muchas otras cosas sucedieron en el 2009, pero lo que quedó
definitivamente claro es que los augures y profetas, los anunciadores
berretas del apocalipsis, fracasaron en todos sus pronósticos. El
Gobierno tiene grandes desafíos por delante y será permanentemente
puesto a prueba allí donde no logre dar señales claras de hacia dónde
y con quiénes intenta ir. En este sentido, el 2010 puede ser un año
más que significativo para ir delineando hacia dónde rumbeará el país
en los próximos tiempos. Aprender del 2009 significa, entre otras
cosas, abrirse con generosidad hacia nuevas formas de construcción
política, esas que sean capaces de salir a pelearle a la derecha
apelando a lo mejor de las tradiciones populares y progresistas.
Veremos, entonces, qué se aprendió de un año tan decisivo, complejo e
intenso como lo fue el que acabamos de abandonar.
12 de enero de 2010
CONSTRUCCION MEDIATICA: CONSTRUCCION DE REALIDAD
Sin duda aquello de que la comunicación de masas construye una realidad (E. Verón) se constata en los efectos que los medios provocan en su público. De este modo la conformación ideológica y ética de las sociedades actuales responde a la construcción de la información de los medios masivos, en los que predomina la ideología del mercado (pretendido Amo Absoluto) que pretende subsumir al Estado bajo sus designios.
Pragmáticos, sustentados por los capitales internacionales, auxiliados por la estadística y las estrategias y técnicas de marketing, los medios de comunicación gráficos y audiovisuales, apelan a los recursos que les proporcionan todos los discursos (científicos, políticos, literarios, cinematográficos, etc.), y componen noticias y crónicas de acuerdo con los intereses que defienden. Saben muy bien que todo hecho es irrepetible y que su transmisión o escritura es un relato y una interpretación. Por eso adecuan el tiempo, las causas y el orden a su gusto. Y más todavía, OMITEN, BORRAN, AGREGAN, SUPRIMEN porque saben muy bien que el relato permite estas operaciones del discurso. Cada uno cuenta como le place y en este caso como le place a los intereses del Imperialismo.
Así l escándalo provocado por la obcecada e interesada actitud del Presidente del Banco Central, Martín Redrado, fue reconstruido por los medios de un modo efectista y avieso, con el propósito de provocar el desgaste del gobierno, la desazón y la desesperanza, cuando no la desestabilización lisa y llanamente. En la construcción de esta noticia, los medios ALUDIERON, ELUDIERON, apearon a la ANFIBOLAGOGÍA A la AMBIGUEDAD, todos recueros retórico de esa madre generosa y talentosa a quien los periodistas apelan: al a literatura.
Desde la mixtura del policial con el periodismo (Capote, Walsh) y de la concepción de la crónica como género literario y novelesco que inició García Márquez, los periodistas toman las figuras literarias que les son útiles para fines espurios y oscurantistas (metáforas, imágenes y sobre todo ironía y paradoja). De este modo ENGAÑAN con la verdad, construyen enunciados de doble sentido o de sentido ambiguo, del mismo modo como los personajes de Calderón o Shakespeare expresaban y eludían (con perdón de Calderón y Shakespeare). En manos de los medio inescrupulosos, estas técnicas, en gran medida, del teatro barroco (claves de la calidad literaria de muchas grandes obras) se constituyen en armas poderosas para formar y sobre todo para deformar la opinión pública en aras del Poder del Imperialismo, o sea del Capitalismo en su fase más cruel y bárbara.
De es te modo se llama a Cobos “presidente”en lugar de “vice-presidente”, aludiendo y eludiendo a la vez, porque en realidad es vice-presidente de la nación y preside las sesiones del Senado. Se engaña con la verdad: todos deseamos cuidar las reservas, pero no se dice cómo surgieron y cuál pueden ser sus funciones eventualmente, se borra la historia y se
habla de autonomías, de preservar las finanzas de las apetencias políticas pero no se dice que en realidad hay otra apetencia omnipresente: la del capitalismo.
Así los medios al servicio del mercado cumplen su rol de “máquinas de producción de realidad social”. Multitudes uniformadas, masificadas al ritmo no del tambor sino de los medios, dispuestas a que otros les indiquen lo que deben hacer, soñar, desear, sentir y opinar, los otros, que a su vez repiten la esclavitud de la gran producción en cadena del Otro de la cultura posmoderna, el Amo Mercado, aliado con sus adalides terribles: la muerte, el hambre, la guerra.
La “oposición”también maneja el discurso de un modo antojadizo del cual no está exenta la perversión y, en algunos casos, la monstruosidad. Claro, si se defiendo lo monstruoso del sistema, o sea la inequidad.
Liliana Bellone-Carta Abierta Salta
Pragmáticos, sustentados por los capitales internacionales, auxiliados por la estadística y las estrategias y técnicas de marketing, los medios de comunicación gráficos y audiovisuales, apelan a los recursos que les proporcionan todos los discursos (científicos, políticos, literarios, cinematográficos, etc.), y componen noticias y crónicas de acuerdo con los intereses que defienden. Saben muy bien que todo hecho es irrepetible y que su transmisión o escritura es un relato y una interpretación. Por eso adecuan el tiempo, las causas y el orden a su gusto. Y más todavía, OMITEN, BORRAN, AGREGAN, SUPRIMEN porque saben muy bien que el relato permite estas operaciones del discurso. Cada uno cuenta como le place y en este caso como le place a los intereses del Imperialismo.
Así l escándalo provocado por la obcecada e interesada actitud del Presidente del Banco Central, Martín Redrado, fue reconstruido por los medios de un modo efectista y avieso, con el propósito de provocar el desgaste del gobierno, la desazón y la desesperanza, cuando no la desestabilización lisa y llanamente. En la construcción de esta noticia, los medios ALUDIERON, ELUDIERON, apearon a la ANFIBOLAGOGÍA A la AMBIGUEDAD, todos recueros retórico de esa madre generosa y talentosa a quien los periodistas apelan: al a literatura.
Desde la mixtura del policial con el periodismo (Capote, Walsh) y de la concepción de la crónica como género literario y novelesco que inició García Márquez, los periodistas toman las figuras literarias que les son útiles para fines espurios y oscurantistas (metáforas, imágenes y sobre todo ironía y paradoja). De este modo ENGAÑAN con la verdad, construyen enunciados de doble sentido o de sentido ambiguo, del mismo modo como los personajes de Calderón o Shakespeare expresaban y eludían (con perdón de Calderón y Shakespeare). En manos de los medio inescrupulosos, estas técnicas, en gran medida, del teatro barroco (claves de la calidad literaria de muchas grandes obras) se constituyen en armas poderosas para formar y sobre todo para deformar la opinión pública en aras del Poder del Imperialismo, o sea del Capitalismo en su fase más cruel y bárbara.
De es te modo se llama a Cobos “presidente”en lugar de “vice-presidente”, aludiendo y eludiendo a la vez, porque en realidad es vice-presidente de la nación y preside las sesiones del Senado. Se engaña con la verdad: todos deseamos cuidar las reservas, pero no se dice cómo surgieron y cuál pueden ser sus funciones eventualmente, se borra la historia y se
habla de autonomías, de preservar las finanzas de las apetencias políticas pero no se dice que en realidad hay otra apetencia omnipresente: la del capitalismo.
Así los medios al servicio del mercado cumplen su rol de “máquinas de producción de realidad social”. Multitudes uniformadas, masificadas al ritmo no del tambor sino de los medios, dispuestas a que otros les indiquen lo que deben hacer, soñar, desear, sentir y opinar, los otros, que a su vez repiten la esclavitud de la gran producción en cadena del Otro de la cultura posmoderna, el Amo Mercado, aliado con sus adalides terribles: la muerte, el hambre, la guerra.
La “oposición”también maneja el discurso de un modo antojadizo del cual no está exenta la perversión y, en algunos casos, la monstruosidad. Claro, si se defiendo lo monstruoso del sistema, o sea la inequidad.
Liliana Bellone-Carta Abierta Salta
5 de enero de 2010
DISCRIMINACION
Estupor, sorpresa, asombro, indignación es lo que experimenté ante las expresiones de un conocido periodista de un canal porteño que pedía a su interlocutor y colega que le aclarase si los que portan armas en el gran Buenos Aires son “personas o piqueteros”, así, llanamente, negando el statu de persona a los que reclaman por sus derechos, discriminación que nos recuerda aquello de “personas, ciudadanos, civilizados “en oposición a “brutos, cabecitas negras, negros, salvajes, etc.” ¿Qué eres?...Una persona o un negro, una persona o un judío, una persona o un provinciano, una persona o una mujer, una persona o un indio? Si un indio no es persona, si un negro no son personas, si un rebelde o un huelguista no son personas, cuál es el resorte que impediría, por ejemplo, el exterminio, el servilismo y la sumisión? La historia está repleta de ejemplos de esta ruin descalificación para esclavizar, subyugar y no pocas veces, asesinar.
Lapsus de este periodista que reviste apariencia de cultura y formalidad, apariencia, simplemente, porque, luego de las duras críticas que recibió Maradona por sus expresiones de mal gusto, grosería (nada extraño en el ámbito futbolero). También tuvieron sus groserías De Narváez, Solá y Reutemann, (quienes no poseen un vocabulario muy exquisito que digamos), Sin embargo nadie se percata de que lo que dijo este periodista es muchísimo más grave que las peroratas maradonianas, ya que lesiona derechos humanos elementales, mostrando una terrible actitud discriminatoria, racista y prejuiciosa, obcecada y arcaica y que pone al descubierto la mentalidad cerrada e inhumana.
LILIANA BELLONE
Carta Abierta -Salta
Lapsus de este periodista que reviste apariencia de cultura y formalidad, apariencia, simplemente, porque, luego de las duras críticas que recibió Maradona por sus expresiones de mal gusto, grosería (nada extraño en el ámbito futbolero). También tuvieron sus groserías De Narváez, Solá y Reutemann, (quienes no poseen un vocabulario muy exquisito que digamos), Sin embargo nadie se percata de que lo que dijo este periodista es muchísimo más grave que las peroratas maradonianas, ya que lesiona derechos humanos elementales, mostrando una terrible actitud discriminatoria, racista y prejuiciosa, obcecada y arcaica y que pone al descubierto la mentalidad cerrada e inhumana.
LILIANA BELLONE
Carta Abierta -Salta
30 de diciembre de 2009
LA DERECHA SALE DEL PLACARD
Por María Sola
Rolando Hanglin, en un texto imperdible que publica el matutino La Nación en noviembre, abandona la hipocresía y le dice al señor González, un personaje inventado por él, que si piensa así, también debe pensar así y así y que por lo tanto debería reconocerse como un hombre de derecha. El personaje de Hanglin es un típico malhumorado urbano al estilo de la película “Un día de furia”. Un hombre de mediana edad, sin estudios universitarios, comerciante del barrio de Flores que ha sido bombardeado por la inseguridad real y por la sobreactuación de la inseguridad que hacen los medios de comunicación y por la avaricia de su ex mujer que no le tiene piedad a la hora de sacarle plata ¿Pero cuáles son las ideas que debe pensar el Sr. González para ser un hombre de derecha? Ha comprado el paquete que inculcan maestros de la moral pública como el Baby Etchecopar de Radio 10:: mano dura y penalización a los adolescentes , represión a los piqueteros incluso violenta , fastidio porque se les de vivienda u otros bienes gratis a los más pobres, rebelión contra el pago de impuestos, quejas en contra de la libertad juvenil en los colegios secundarios, oposición al matrimonio gay, solicitud de cárcel para los adictos y pedidos de orden y de rigor de varias índoles que incluyen desde la queja porque la ex señora le saca plata hasta la forzada fobia a Irán y simpatía por Israel, cosas que al señor de Flores ni le van ni le vienen, pero que se le dice claramente que si quiere ser un buen señor de derecha debe pensar. Luego Hanglin, nuestro ex pacifista conocido como el “hippie viejo”, concluye con una pregunta nada sutil: “¿Y usted, amigo lector: ¿Es como el señor González, un hombre de derecha? Tal vez pertenece a la derecha pero todavía no se dio cuenta.”
Analicemos un poco. Cuando dijo la verdad la derecha argentina nunca logró triunfar por las urnas. No es para menos. No hay ninguna razón por la cual la población necesite un gobernante que proponga enriquecer a pocos y empobrecer a muchos, usar el Estado para hacer negocios, vender lisa y llanamente los recursos naturales de su país a cambio de papel impreso sin fondos o cobrarle diez veces más cara el agua porque se la regalaron a una multinacional o a los testaferros o que se haga una reforma educativa para bajar el nivel de los chicos para que no piensen y por lo tanto no molesten. Esas cosas no se dicen, se hacen. Los derechistas, que rara vez se autodefinen como tales, replicarán que esos no son los objetivos de la derecha pero todos sabemos que eso es lo que hacen cuando logran el Ministerio de Economía y algún otro hueco en cualquier gobierno .Décadas de políticas neoliberales en el planeta han mostrado que las políticas de la derecha son iguales en todo el mundo y que han dejado un rastro de arrasamiento cultural, contaminación, saqueo e inequidad social que apenas puede ser ocultado por un aparato de desinformación sin precedentes.
Pero la derecha en general no dice la verdad ni necesita hacerlo. Tienen un ejército de publicistas especialistas en meter gato por liebre y en las décadas de oro compraron todos los medios de comunicación. Se presentan disfrazados de Caperucita, Barbie, Ken, Raúl Castells o de Papá Noel o el Rabino Bergman y se instalarán en los quebrantados partidos políticos tradicionales que, pese a todo, son los que todavía tienen el poder a la hora de contar los desanimados votos. A cara de piedra hablarán con tono edulcorado de “república “, “democracia” o de “derechos ciudadanos” o de “justicia social”, compraran los símbolos partidarios de este o de aquel partido como si fueran el merchandising de una marca de perfumes, da igual. Lo que hace falta es llegar al poder.
Pero si tenemos derechistas neoliberales en el justicialismo, en el radicalismo y en el socialismo y en nuevas corrientes de ambigua retórica como el “lilismo” y si a eso agregamos que la cúpula eclesiástica les es fiel pese a la atroz contradicción entre los principios que defiende la derecha y el Nuevo Testamento y si agregamos que hay piqueteros que les responden, sindicalistas corruptos que les hacen de mayordomos y hasta izquierdas que les resultan funcionales, podríamos decir que no hay un lugar en donde los derechistas neoliberales no se hayan metido o manipulken de algún modo. La pregunta es .¿Para qué quieren más? No. No quieren más, pero quieren que dure para siempre. Y para que la derecha sea para siempre necesitan verdaderos militantes de derecha. ¿Cómo obtenerlos? Del mismo modo que los obtuvo el Fuhrer en Alemania o Bush en EEUU: sumando miedo, frustración y enojo. Y esto es lo que hace el ex_ hippie de dulce voz, busca cuadros, gente que se diga de derecha.
Para hacer eso su nota empieza: “El señor González supo tener casa, mujer, auto e hijos. Después, el divorcio lo dejó en calzoncillos. Ahora vive solo en un departamento alquilado, donde sopla el viento de Siberia. Desde que le ocurrieron estas cosas, se ha convertido en un hombre de derecha.”. Va atando cabos y dice que si su ex_mujer lo esquilma y que si a usted lo asaltaron 10 veces y perdió guiíta en el corralito….bueno, debe defender a Israel y definirse como derechista. Hanglin tiene mucho cuidado en este punto porque hay una vieja derecha malhumorada que era antisemita. Ya no. Hay que explicar claro esto porque el sr. González no parece ser muy inteligente y en cualquier momento podría colgar el cuadro de Hitler sobre la heladera. En cambio como compensación González podrá hablar mal todo lo que quiera de los “negros de m” y otros “impresentables” . Dice entonces Hanglin respecto a su querido Sr. González.…”Ha dejado atrás las ilusiones de su juventud (peronismo, socialismo, nacionalismo, radicalismo, marxismo, Flower Power) y ahora sólo anhela una Justicia rápida y severísima, una Policía de mano dura y un país provisto de cárceles. Grandes, espaciosas, civilizadas y sobre todo seguras, en el sentido que los criminales no puedan escapar hasta que hayan purgado sus condenas, que en delitos graves (asalto con armas, homicidio, violación) deberían ser de por vida”.. Y agrega luego:…” En materia de trabajo y negocios, el señor González está un poco desilusionado porque fue esquilmado varias veces por el Estado argentino: le tocó sobrellevar el Rodrigazo, hiperinflación 1, hiperinflación 2, el corralito, el corralón...y hasta tuvo la mala suerte de que estatizaran las AFJP, justo cuando había depositado voluntariamente unos 100.000 dólares que nunca volverán. “… Acá se entiende porqué el sr. González debe ser un hombre sin estudios universitarios. Cualquiera que tenga algo de neuronas se daría cuenta que el caso de la reestatización de las jubilaciones es inverso al caso del corralito y del rodrigazo. En este caso el Estado Argentino rescató las jubilaciones argentinas de la timba internacional que los podría haber transformado en humo. Pero esto es muy complicado de entender para el sr. González. Hanglin apunta bien porque este señor enojado en cuyo departamento alquilado soplan los vientos de Siberia ni siquiera quiere que le vaya bien.. Será inútil que alguien le diga que el corralito, corralón e hiperinflaciones lo produjeron las políticas de derecha de los sucesivos ministros de Economía entrenados por el neoliberalismo en Chicago, nadie le recordará que su ex mujer le saca plata, producto de una ideología consumista difundida por las revistas de derecha que su señora lee o por los vulgares programas de TV que mira . Sus ideas no son distintas y lo único que lamenta es que el abogado de su ex sea mejor que el suyo. Pero en cambio puede pedir que no le den una modesta casita a los villeros, que apaleen a los mendigos y se los saquen de la vista, que no desperdicien plata en dar subsidios a los pobres, que no se casen los gay, que metan preso a un pibe por fumar un porro, que venga mano dura aun sabiendo que los manos duras ni se ocupan de la criminalidad sino del espionaje político y de armar estrategias de represión. Esas miserias vergonzosas hacen feliz al Sr. González.
Rolando Hanglin, en un texto imperdible que publica el matutino La Nación en noviembre, abandona la hipocresía y le dice al señor González, un personaje inventado por él, que si piensa así, también debe pensar así y así y que por lo tanto debería reconocerse como un hombre de derecha. El personaje de Hanglin es un típico malhumorado urbano al estilo de la película “Un día de furia”. Un hombre de mediana edad, sin estudios universitarios, comerciante del barrio de Flores que ha sido bombardeado por la inseguridad real y por la sobreactuación de la inseguridad que hacen los medios de comunicación y por la avaricia de su ex mujer que no le tiene piedad a la hora de sacarle plata ¿Pero cuáles son las ideas que debe pensar el Sr. González para ser un hombre de derecha? Ha comprado el paquete que inculcan maestros de la moral pública como el Baby Etchecopar de Radio 10:: mano dura y penalización a los adolescentes , represión a los piqueteros incluso violenta , fastidio porque se les de vivienda u otros bienes gratis a los más pobres, rebelión contra el pago de impuestos, quejas en contra de la libertad juvenil en los colegios secundarios, oposición al matrimonio gay, solicitud de cárcel para los adictos y pedidos de orden y de rigor de varias índoles que incluyen desde la queja porque la ex señora le saca plata hasta la forzada fobia a Irán y simpatía por Israel, cosas que al señor de Flores ni le van ni le vienen, pero que se le dice claramente que si quiere ser un buen señor de derecha debe pensar. Luego Hanglin, nuestro ex pacifista conocido como el “hippie viejo”, concluye con una pregunta nada sutil: “¿Y usted, amigo lector: ¿Es como el señor González, un hombre de derecha? Tal vez pertenece a la derecha pero todavía no se dio cuenta.”
Analicemos un poco. Cuando dijo la verdad la derecha argentina nunca logró triunfar por las urnas. No es para menos. No hay ninguna razón por la cual la población necesite un gobernante que proponga enriquecer a pocos y empobrecer a muchos, usar el Estado para hacer negocios, vender lisa y llanamente los recursos naturales de su país a cambio de papel impreso sin fondos o cobrarle diez veces más cara el agua porque se la regalaron a una multinacional o a los testaferros o que se haga una reforma educativa para bajar el nivel de los chicos para que no piensen y por lo tanto no molesten. Esas cosas no se dicen, se hacen. Los derechistas, que rara vez se autodefinen como tales, replicarán que esos no son los objetivos de la derecha pero todos sabemos que eso es lo que hacen cuando logran el Ministerio de Economía y algún otro hueco en cualquier gobierno .Décadas de políticas neoliberales en el planeta han mostrado que las políticas de la derecha son iguales en todo el mundo y que han dejado un rastro de arrasamiento cultural, contaminación, saqueo e inequidad social que apenas puede ser ocultado por un aparato de desinformación sin precedentes.
Pero la derecha en general no dice la verdad ni necesita hacerlo. Tienen un ejército de publicistas especialistas en meter gato por liebre y en las décadas de oro compraron todos los medios de comunicación. Se presentan disfrazados de Caperucita, Barbie, Ken, Raúl Castells o de Papá Noel o el Rabino Bergman y se instalarán en los quebrantados partidos políticos tradicionales que, pese a todo, son los que todavía tienen el poder a la hora de contar los desanimados votos. A cara de piedra hablarán con tono edulcorado de “república “, “democracia” o de “derechos ciudadanos” o de “justicia social”, compraran los símbolos partidarios de este o de aquel partido como si fueran el merchandising de una marca de perfumes, da igual. Lo que hace falta es llegar al poder.
Pero si tenemos derechistas neoliberales en el justicialismo, en el radicalismo y en el socialismo y en nuevas corrientes de ambigua retórica como el “lilismo” y si a eso agregamos que la cúpula eclesiástica les es fiel pese a la atroz contradicción entre los principios que defiende la derecha y el Nuevo Testamento y si agregamos que hay piqueteros que les responden, sindicalistas corruptos que les hacen de mayordomos y hasta izquierdas que les resultan funcionales, podríamos decir que no hay un lugar en donde los derechistas neoliberales no se hayan metido o manipulken de algún modo. La pregunta es .¿Para qué quieren más? No. No quieren más, pero quieren que dure para siempre. Y para que la derecha sea para siempre necesitan verdaderos militantes de derecha. ¿Cómo obtenerlos? Del mismo modo que los obtuvo el Fuhrer en Alemania o Bush en EEUU: sumando miedo, frustración y enojo. Y esto es lo que hace el ex_ hippie de dulce voz, busca cuadros, gente que se diga de derecha.
Para hacer eso su nota empieza: “El señor González supo tener casa, mujer, auto e hijos. Después, el divorcio lo dejó en calzoncillos. Ahora vive solo en un departamento alquilado, donde sopla el viento de Siberia. Desde que le ocurrieron estas cosas, se ha convertido en un hombre de derecha.”. Va atando cabos y dice que si su ex_mujer lo esquilma y que si a usted lo asaltaron 10 veces y perdió guiíta en el corralito….bueno, debe defender a Israel y definirse como derechista. Hanglin tiene mucho cuidado en este punto porque hay una vieja derecha malhumorada que era antisemita. Ya no. Hay que explicar claro esto porque el sr. González no parece ser muy inteligente y en cualquier momento podría colgar el cuadro de Hitler sobre la heladera. En cambio como compensación González podrá hablar mal todo lo que quiera de los “negros de m” y otros “impresentables” . Dice entonces Hanglin respecto a su querido Sr. González.…”Ha dejado atrás las ilusiones de su juventud (peronismo, socialismo, nacionalismo, radicalismo, marxismo, Flower Power) y ahora sólo anhela una Justicia rápida y severísima, una Policía de mano dura y un país provisto de cárceles. Grandes, espaciosas, civilizadas y sobre todo seguras, en el sentido que los criminales no puedan escapar hasta que hayan purgado sus condenas, que en delitos graves (asalto con armas, homicidio, violación) deberían ser de por vida”.. Y agrega luego:…” En materia de trabajo y negocios, el señor González está un poco desilusionado porque fue esquilmado varias veces por el Estado argentino: le tocó sobrellevar el Rodrigazo, hiperinflación 1, hiperinflación 2, el corralito, el corralón...y hasta tuvo la mala suerte de que estatizaran las AFJP, justo cuando había depositado voluntariamente unos 100.000 dólares que nunca volverán. “… Acá se entiende porqué el sr. González debe ser un hombre sin estudios universitarios. Cualquiera que tenga algo de neuronas se daría cuenta que el caso de la reestatización de las jubilaciones es inverso al caso del corralito y del rodrigazo. En este caso el Estado Argentino rescató las jubilaciones argentinas de la timba internacional que los podría haber transformado en humo. Pero esto es muy complicado de entender para el sr. González. Hanglin apunta bien porque este señor enojado en cuyo departamento alquilado soplan los vientos de Siberia ni siquiera quiere que le vaya bien.. Será inútil que alguien le diga que el corralito, corralón e hiperinflaciones lo produjeron las políticas de derecha de los sucesivos ministros de Economía entrenados por el neoliberalismo en Chicago, nadie le recordará que su ex mujer le saca plata, producto de una ideología consumista difundida por las revistas de derecha que su señora lee o por los vulgares programas de TV que mira . Sus ideas no son distintas y lo único que lamenta es que el abogado de su ex sea mejor que el suyo. Pero en cambio puede pedir que no le den una modesta casita a los villeros, que apaleen a los mendigos y se los saquen de la vista, que no desperdicien plata en dar subsidios a los pobres, que no se casen los gay, que metan preso a un pibe por fumar un porro, que venga mano dura aun sabiendo que los manos duras ni se ocupan de la criminalidad sino del espionaje político y de armar estrategias de represión. Esas miserias vergonzosas hacen feliz al Sr. González.
25 de diciembre de 2009
El neoliberalismo como ideología hegemónica: Nacimiento, apogeo y crisis
Por Walden Bello
Artículo sobre cómo una ideología logra la hegemonía, cómo se mantiene
la hegemonía, y qué sucede cuando las pretensiones de una ideología se
contradicen con la realidad
El siguiente texto fue presentado en la sesión plenaria de la
Conferencia Nacional de la Sociedad de Sociología de Filipinas el 16
de octubre de 2009
El neoliberalismo es una perspectiva que defiende el mercado como
regulador esencial de la actividad económica y con objeto limitar al
mínimo la intervención del Estado en la vida económica. Neoliberalismo
en los últimos tiempos se ha identificado con la economía, habida
cuenta de su hegemonía como un paradigma dentro de la disciplina, es
decir, su exclusión de otras perspectivas como formas legítimas de
hacer economía. Dado que la economía se considera en muchos círculos
como una ciencia dura, tanto como la física del ser, por ejemplo, el
neoliberalismo ha tenido una influencia tremenda y generalizada no
sólo en los círculos académicos sino en los políticos. Si bien la
Universidad de Chicago se convirtió en la fuente de la sabiduría
académica, en los círculos tecnocráticos el Fondo Monetario
Internacional y el Banco Mundial se veían como las instituciones clave
para trasladar la teoría a la política, a un conjunto de
prescripciones prácticas que se aplicasen a todas las economías.
Es sorprendente darse cuenta de cómo el neoliberalismo relativamente
reciente se ha convertido en un paradigma hegemónico. Todavía en la
segunda mitad del siglo XX la economía keynesiana (años 70), que
promueve una buena dosis de intervención estatal como elemento
necesario para la estabilidad y el crecimiento sostenido, era la
ortodoxia. En lo que solía conocerse como el Tercer Mundo, el
desarrollismo era el enfoque dominante. Hubo una tendencia
conservadora del desarrollismo y otra progresista, pero ambas vieron
el Estado, más que el mercado, como el mecanismo central del
desarrollo.
En Filipinas, el neoliberalismo llegó por primera vez en la forma del
programa de ajuste estructural impuesto por el Banco Mundial a
principios de 1980, en un intento de este último de reforzar la
capacidad de la economía al servicio de su deuda externa abrumadora.
El ajuste estructural ayudó a desencadenar la crisis económica de
principios de 1980, su efecto de contracción significó el inicio de la
recesión mundial. [1] La crisis [de Filipinas] fue la peor desde la
Segunda Guerra Mundial, pero el papel de la economía neoliberal en
ella se vio empañado por su coincidencia con la profunda crisis
política desencadenada por el asesinato de Aquino en agosto de 1983.
Para la mayoría de los filipinos, Marcos fue la causa de ambas crisis.
¿Triunfo por defecto?
Durante el período de Aquino, la economía neoliberal comenzó su
ascenso a la supremacía ideológica.
En primer lugar, se asoció con varios intelectuales y tecnócratas
cercanos a la administración Aquino, que había sido fuertemente
influenciada por los gobiernos de Reagan y Thatcher sobre sus
experimentos de libre mercado en Estados Unidos y Gran Bretaña. Entre
ellos el economista Bernie Villegas y el secretario de Hacienda de
Cory Aquino, Jesús Estanislao. Otro centro clave del neoliberalismo
emergente fue la Escuela de Economía de la Universidad de Argentina,
que había redactado un Libro Blanco sobre la economía de Filipinas en
1985.
En segundo lugar, los análisis remitidos por estos intelectuales
estaban en sintonía con el sentir popular. Situaban los problemas
económicos del país en lo que se conoce como "capitalismo de amigos",
o el uso de las agencias estatales para favorecer los intereses
privados de algunos allegados del dictador [Ferdinand Marcos]. El
asalto directo sobre el estado keynesiano, tachado de ineficaz, fue la
característica más destacada del thatcherismo y el reaganismo y un
elemento subsidiario en el caso para la libertad de mercado.
En tercer lugar, no había alternativa creíble al neoliberalismo. El
desarrollismo keynesiano, que promovió el papel del Estado como factor
estratégico en la primera fase de la ascensión al desarrollo, se vio
comprometido por su personificación en la dictadura de Marcos. En
cuanto a la visión de la izquierda de "industrialización nacionalista"
o "nacional democrática" de la economía, no fue más allá de retóricas
y apenas había sido popularizado en el período anterior a la
sublevación de EDSA, tal vez debido a la prioridad que el Partido
Comunista ponía en la lucha anti-fascista, que exigía infravalorar la
opinión de que la democracia nacional es la antesala del socialismo,
para formar un frente amplio con los elementos anti-dictatoriales de
la élite. Luego, tras el levantamiento de EDSA, la articulación de una
alternativa fue desbaratada por la preocupación de la izquierda por
las consecuencias de su falta de participación en el acto final de la
expulsión de Marcos.
En resumen, la perspectiva neoliberal triunfó por defecto, y esta
ausencia de alternativas creíbles a nivel nacional fue complementada
por cuatro acontecimientos a nivel internacional: el colapso del
socialismo centralizado en Europa oriental, que parecía ofrecer el
golpe de gracia a la alternativa socialista, la crisis del modelo
socialdemócrata sueco, el aparente éxito de las revoluciones de Reagan
y Thatcher en la revitalización de las economías estadounidense y
británica, y el aumento de la reciente industrialización de Asia
Oriental. Los cuatro [acontecimientos] tuvieron un impacto en el
pensamiento de la clase media y las élites, que son, por cierto,
llamadas "clases llenas de palabrería" debido a su función discursiva
central en la legitimación de las perspectivas sociales y políticas.
¿Cómo fue interpretado el "milagro asiático" por los neoliberales?
Vale la pena observar cómo el aumento de las economías vecinas fue
interpretado por los neoliberales para mistificar el neoliberalismo.
En opinión de los neoliberales, la clave del el éxito de nuestros
vecinos era la hegemonía del mercado. Como dijo Jesús Estanislao, "el
gobierno se debe ocupar de una serie de actividades macroeconómicas,
como la construcción de infraestructura, por ejemplo, dejando todo lo
demás para el sector privado". Y eso es exactamente lo que Singapur,
Malasia, Indonesia y Tailandia han hecho, y eso es lo que México está
haciendo, y estamos empezando a hacerlo. "[2]
La realidad, sin embargo, es que si bien es cierto que en Indonesia,
Malasia y Tailandia, el Estado puede haber jugado un papel menos
agresivo que en Corea y Taiwán, el Estado fue el principal impulsor de
la industrialización. Por ejemplo, Tailandia comenzó a registrar tasas
de crecimiento del 8 al 10 por ciento, deslumbrando al mundo, cuando
dio inicio a una fase de "sustitución de importaciones"-el uso de la
política comercial para crear el espacio para el surgimiento de un
sector de bienes intermedios- durante la segunda mitad de la década de
1980 [3].
En el caso de Malasia, si bien es cierto que algunas privatizaciones y
la desregulación a favor de intereses privados se llevó a cabo a
finales de 1980, sería un error subestimar el impacto de estas
políticas. La compañía petrolera estatal, Petronas, fue siempre
calificada como una de las mejores de Asia del Este y una de las
empresas más innovadoras y exitosas en la región de Asia oriental era
el conjunto dirigido por el Estado bajo la fórmula del joint venture
entre una empresa estatal y una empresa de automóviles extranjeros,
Mitsubishi, que produjo el Proton Saga, emblema de Malasia, que llegó
la saga a controlar dos tercios del mercado nacional y generó un
beneficio para sus productores, un ejemplo de todos los pecados de la
política industrial que los economistas neoclásicos, como Estanislao,
habían advertido: trato fiscal discriminatorio para los competidores,
orientación estratégica industrial para manipular los incentivos de
mercado para crear una industria local de automóviles y presión a las
fuentes locales [fabricantes] de componentes para fomentar el
crecimiento de las industrias proveedoras locales [4].
En Indonesia, el Estado se mantuvo durante los años 1980 y 1990 como
actor clave en la economía, con empresas estatales aportando alrededor
del 30 por ciento del PIB total y cerca del 40 por ciento del PIB no
agrícola. Los gastos de capital como porcentaje del presupuesto del
gobierno llegaron al 47 por ciento en Indonesia mientras que en
Tailandia se elevó la cifra de 23 a 33 por ciento. En cambio, en
Filipinas, los tecnócratas de Aquino empujaron hacia abajo los gastos
de capital como porcentaje del presupuesto nacional del 26 a 16 por
ciento. Dado que el gobierno es el mayor inversor en una economía,
esta reducción radical de los gastos de capital no podía sino tener un
impacto en los resultados económicos. Mientras Filipinas crecía con un
1-2 por ciento nuestros vecinos lo hacían en tasas del 6 al 10 por
ciento.
En suma, nuestros tecnócratas neoliberales se deslumbraron hasta el
punto de envidiar el rendimiento de nuestros vecinos, pero no
identificaron correctamente la razón para ello. Alegaron que era el
mercado, cuando en realidad era el Estado. Si bien una cierta
liberalización que estaba produciendo en las economías de nuestros
vecinos, esa la liberalización era selectiva en el contexto de un
proteccionismo estratégico impulsado por el Estado, cuyo objetivo era
profundizar en la estructura industrial.
El apogeo del neoliberalismo
Estas ideas, por desgracia, tienen consecuencias y tal vez no hay
mejor manera de ilustrarlo que el esfuerzo para hacer de Filipinas un
NIC ( "país de reciente industrialización") en el año 2000, como se
dijo, a través de la globalización, es decir, la integración acelerada
de Filipinas en el mercado mundial y los circuitos de producción a
través del comercio y radical liberalización de las inversiones. El
neoliberalismo vivió su fase más doctrinaria y más influyente con el
gobierno del presidente Fidel Ramos.
Lo que podríamos llamar la "neoclasificación" de la tecnocracia de
Filipinas que se hizo en el gobierno Ramos no muestran tanto el
carácter de un golpe de estado intelectual como de un traspaso gradual
de las alturas estratégicas de la tecnocracia de libre mercado hacia
los ámbitos académico, gubernamental y empresarial, muchos de los
cuales habían realizado estudios en los años 1970 y 1980 en los
Estados Unidos y Gran Bretaña, cuando el estado keynesiano había
perdido su brillo y el neoliberalismo se había puesto de moda en los
departamentos de economía de las universidades de los EEUU. Muchos
hicieron sus postgrados en el Banco Mundial y el Fondo Monetario
Internacional, incluido el Ministro de Finanzas de Ramos, Roberto de
Ocampo. El y sus colegas que han desempeñado un papel destacado de
giro del país [hacia el neoliberalismo] actuaron así no sólo por la
presión externa del Banco Mundial y el FMI, sino también pos sus
creencias "impuestas, tal vez, pero también por dirección política
[del gobierno]"[5]. Además, surgió un amplio consenso" entre las
élites y la clase media en torno a las reformas de libre mercado"[6],
En cualquier caso, la revolución liberal había logrado una masa
crítica en el momento en que Ramos llegó al poder y su hegemonía se
consolidó durante su administración[7].
La pieza central del programa neoliberal durante este período fue la
liberalización arancelaria: la Orden Ejecutiva 264 de Filipinas se
comprometió a bajar las tarifas en todos los productos, menos algunos
sensibles, entre el 1-5 por ciento en 2004. En su afán de ponerse al
día con nuestros vecinos, lo que nuestros tecnócratas hicieron fue
copiar la impresionante tasa de crecimiento del Chile de Pinochet sin
ver la desindustrialización y la enorme crisis social provocada por
sus políticas de libre mercado.
Además de la liberalización arancelaria radical, el régimen de
inversión extranjera fue liberalizado, se flexibilizaron las normas
bancarias para que los bancos extranjeros estableciesen sus
operaciones en el país, y la cuenta de capital fue casi totalmente
liberalizada para atraer a los inversores especulativos, haciendo el
peso [moneda filipina] totalmente convertible, permitiendo la
utilización completa e inmediata de los beneficios, y la plena
utilización de las cuentas en moneda extranjera. En efecto, en la
unidad de la administración para alcanzar a sus vecinos, la atracción
de la inversión especulativa mediante la eliminación de las barreras
de entrada y salida de capital se convirtió en la vanguardia de su
estrategia la globalización.
La administración también garantizó que la liberalización se
mantendría con los regímenes sucesivos, siendo difícil el dar marcha
atrás en estas medidas. Filipinas se unió a la Zona de Libre Comercio
de la ASEAN (AFTA), con arancel preferencial de sus efectivos. Bajo
este esquema, el año próximo, 2010, todas las tarifas, excepto las de
arroz, se reducirán a 0 y 5 por ciento. Más importante aún, Filipinas
se unió a la Organización Mundial del Comercio en 1995, una medida que
exige la revisión de una gran cantidad de leyes que rigen el comercio,
la inversión, y los derechos de propiedad intelectual para que nuestro
ordenamiento jurídico sea "compatible con la OMC".
La economía creció una media del 4 por ciento durante el período de
Ramos, sobre todo porque después de los años de Aquino, no había lugar
a donde ir sino hacia arriba.
Consecuencias de la crisis financiera de Asia
Esta ilusión fue rota por la crisis financiera asiática de 1997. Los
fondos especulativos, unos 4.600 millones de dólares, salieron del
país. La salida masiva de capital resultó en una recesión y el
estancamiento de 1998 a 2000.
La crisis financiera asiática dio lugar a una recepción más crítica
del neoliberalismo en algunos círculos de elite y clase media. Se
comenzó a ver otros países, como Argentina, que debido a su
cumplimiento con el Acuerdo de la Organización Mundial del Comercio en
la Agricultura, la Argentina se transformó de un país exportador neto
de alimentos a un país importador neto de alimentos desde mediados de
la década de 1990. La liberalización de la industria de inicio con el
ajuste estructural de los años ochenta dio lugar a la erosión
irreversible de la base industrial del país. La lista de cierres de
industrias productoras de papel, textiles, cerámica, productos de
caucho, muebles y accesorios, productos petroquímicos, bebidas,
madera, zapatos, aceites de petróleo , accesorios de vestir, y
artículos de cuero es extensa. En los primeros años de esta década, la
industria textil del país se había reducido de 200 a menos de 10
empresas [8].
El veredicto más convincente de más de dos décadas de liberalización
lo dio el entonces secretario de Hacienda, Isidro Camacho, Jr., en
2003: "Hay una aplicación desigual de la liberalización del comercio,
que es una desventaja para nosotros" *9+ (…) "la reforma arancelaria
"ha matado a tantas industrias locales." [10] En otros países, la
pérdida de la base industrial local a menudo ha sido contrarrestada
por los neoliberales, citando mejoras en el bienestar de los
consumidores. Esto no fue posible en las Filipinas, donde la tasa de
pobreza se mantuvo estancada en 32-35 por ciento de la población.
Grupos de la sociedad civil, así como grupos de presión de la
industria local, como la Alianza de Libre Comercio (TLC) fueron
centrales en el descrédito de la doctrina neoliberal. Sin embargo, el
papel desempeñado por ciertos órganos de gobierno no debe ser
subestimado. Por ejemplo, el Departamento de Agricultura ha liderado
con éxito la oposición a una mayor liberalización del comercio
agrícola en la OMC. De hecho, este personal [del Departamento de
Agricultura] trabaja en estrecha colaboración con grupos de la
sociedad civil.
El enfoque doctrinario neoliberal, que fue dominante bajo la
administración Ramos ha dado paso en los últimos años a una
perspectiva más pragmática porque los datos disonantes ya no pueden
ser eliminados. Si bien la tendencia hacia la reducción de aranceles
sigue dominando, ahora hay varios casos de inversión. Por ejemplo, un
comité de revisión del gobierno constituido con arreglo a la Orden
Ejecutiva 241 plantea tarifas en 627 de 1371 bienes producidos
localmente para prestar socorro a las industrias que sufren la
competencia de las importaciones.
El reciente colapso de la economía mundial debido, entre otras cosas,
a la ausencia de regulación de los mercados financieros ha erosionado
aún más la credibilidad del neoliberalismo. Sin embargo, sigue
ejerciendo una fuerte influencia en nuestros economistas y gestores
económicos. En las recientes audiencias sobre el presupuesto en la
Cámara de Representantes, la liberalización del comercio se defiende
como conducente a una mayor "competitividad"; no se habla de la
posibilidad de renegociar nuestra deuda externa al parecer porque nos
dará una mala reputación en los mercados mundiales de capital, la
globalización sigue siendo alabada como la ola del futuro, y reducir
los gastos de capital para equilibrar el presupuesto, incluso si con
esto invitamos a una recesión más profunda [11].
¿Por qué esta invocación continua de los mantras neoliberales, cuando
las promesas del neoliberalismo han sido contradichas en cada ocasión
por la realidad?
En primer lugar, el discurso de la corrupción sigue siendo
generalizada para explicar el subdesarrollo de Filipinas. En este
discurso, el Estado es la fuente de corrupción, de manera que tener un
mayor papel del Estado en la economía, incluso como regulador, es
visto con escepticismo. Para muchos filipinos, y no sólo en el
discurso de configuración de la clase media, el estado de corrupción -
y no las relaciones de desigualdad generada por el mercado y la
erosión de los intereses económicos nacionales provocada por la
liberalización del comercio y los mercados de capitales - es
considerado como el mayor obstáculo para el desarrollo y el
crecimiento económico sostenido. No es éste el lugar para discutir
esta creencia en detalle, basta con decir en este punto que esta
supuesta correlación entre la corrupción y el subdesarrollo y la
pobreza tiene poca base en la realidad. [12]
En segundo lugar, a pesar de la profunda crisis del neoliberalismo, no
ha habido ningún paradigma alternativo creíble o discurso que ha
surgido, ya sea local o internacional. No hay nada como el reto que
plantea la economía keynesiana al fundamentalismo de mercado durante
la Gran Depresión. Los retos planteados por economistas estrellas como
Paul Krugman, Joseph Stiglitz, Dani Rodrik seguirán haciéndose dentro
de los límites de la economía neoclásica, con su ecuación de bienestar
social con la reducción del coste unitario de producción. Nos guste o
no, no sólo los economistas, los intelectuales en general, buscan
orientación en el extranjero, incluidas las de los críticos del
establecimiento.
Hay un tercer motivo. La economía neoliberal sigue proyectando una
imagen de la ciencia dura, debido a haber sido cuidadosamente
matematizada. A raíz de la reciente crisis financiera, la
formalización extrema y el matematización de la disciplina ha sido
objeto de críticas desde dentro de la profesión económica en sí, con
algunos alegando que la metodología más que de fondo se ha convertido
en el final de la práctica económica, con la disciplina, como
resultado, perdiendo su contacto con las tendencias del mundo real y
sus problemas. Podría valer la pena señalar que John Maynard Keynes,
una mente matemática sí misma, se opuso a la matematización de la
disciplina, debido precisamente a la falsa sensación de solidez que le
dio a la economía. Como señala su biógrafo, Robert Skidelsky, Keynes
era "famoso por su escepticismo acerca de la econometría", los números
para él eran "simplemente pistas, los disparadores para la
imaginación", en lugar de las expresiones de certezas o las
probabilidades de los acontecimientos pasados y futuros. [13]
Superar el neoliberalismo, en definitiva, implica ir más allá de la
adoración de los números que a menudo actúan como un sudario a lo
real, más allá del cientificismo con que se enmascara a sí mismo como
ciencia.
________________________________________
Walden Bello es miembro de la Cámara de Representantes de la República
de Filipinas. Anteriormente profesor de sociología en la Universidad
de Filipinas en Diliman, es autor o co-autor de 15 libros, el último
de los cuales es Guerras de Alimentos (Londres: Verso, 2009). También
es presidente de la Freedom from Debt Coalition y analista senior de
Focus on Global South.
Notas
[1] Charles Lindsay, "la economía política de la reforma de la
política económica en las Filipinas: La continuidad y la
Restauración", en Andrew McIntyre y Kanishka Jayasuriya, eds., La
dinámica de la reforma de la política económica en Filipinas
(Singapur: Oxford University Press, 1992).
[2] Jesús Estanislao, entrevistado por Marco Mezzera, 13 de noviembre de 1996.
[3] Véase Chaopath Sasakul, Lecciones de la experiencia del Banco
Mundial de los Préstamos de Ajuste Estructural (PAE): Un estudio de
caso de Tailandia (Bangkok: Tailandia Instituto de Investigaciones
para el Desarrollo, 1992), p. 19, y Narongchai Akrasanee, David
Dapice, y Frank Flatters, la exportación de Tailandia, encabezada por
el crecimiento: Retrospectiva y perspectivas (Bangkok: Tailandia
Instituto de Investigaciones para el Desarrollo, 1991), p. 17.
[4] Véase, entre otros, Richard Doner, "Las coaliciones nacionales y
empresas automovilísticas japonesas en el sudeste de Asia", tesis
doctoral, Universidad de California en Berkeley, 1987, pp. 511-596.
[5] Citado en Jenina Joy Chavez, configuración de la economía política
de Filipinas: el papel de los activistas neoclásicos (Manila: Modo,
1996), p. 9.
[6] Ibid.
[7] Ibid.
[8] Alianza de Comercio Justo, Stop desindustrialización: Vuelva a
calibrar Filipinas los Aranceles Aduaneros Ahora (Manila: Comercio
Justo de la Alianza, 2003), p. 16.
[9] Citado en Eric Boras, "gobierno pierde miles de millones a las
reducciones arancelarias," Business World, 20 de octubre de 2003.
[10] Ibid, p. 26
[11] Observaciones del representante Junio Cua, Presidente del Comité
de Asignaciones, durante las deliberaciones sobre el Presupuesto de la
República 2010 México, 6 de octubre de 2009.
[12] Véase Herbert Docena, "La corrupción y la pobreza: ladrando al
árbol equivocado", En Walden Bello, Herbert Docena, Marissa de Guzmán,
y Marylou Malig, eds., El Desarrollo Anti-Estatal: La economía
política de la crisis permanente en Filipinas (London: Zed Press, p.
281.
[13] Robert Skidelsky, John Maynard Keynes: La Economía como salvador
(London: Penguin Books, 1992).
Artículo sobre cómo una ideología logra la hegemonía, cómo se mantiene
la hegemonía, y qué sucede cuando las pretensiones de una ideología se
contradicen con la realidad
El siguiente texto fue presentado en la sesión plenaria de la
Conferencia Nacional de la Sociedad de Sociología de Filipinas el 16
de octubre de 2009
El neoliberalismo es una perspectiva que defiende el mercado como
regulador esencial de la actividad económica y con objeto limitar al
mínimo la intervención del Estado en la vida económica. Neoliberalismo
en los últimos tiempos se ha identificado con la economía, habida
cuenta de su hegemonía como un paradigma dentro de la disciplina, es
decir, su exclusión de otras perspectivas como formas legítimas de
hacer economía. Dado que la economía se considera en muchos círculos
como una ciencia dura, tanto como la física del ser, por ejemplo, el
neoliberalismo ha tenido una influencia tremenda y generalizada no
sólo en los círculos académicos sino en los políticos. Si bien la
Universidad de Chicago se convirtió en la fuente de la sabiduría
académica, en los círculos tecnocráticos el Fondo Monetario
Internacional y el Banco Mundial se veían como las instituciones clave
para trasladar la teoría a la política, a un conjunto de
prescripciones prácticas que se aplicasen a todas las economías.
Es sorprendente darse cuenta de cómo el neoliberalismo relativamente
reciente se ha convertido en un paradigma hegemónico. Todavía en la
segunda mitad del siglo XX la economía keynesiana (años 70), que
promueve una buena dosis de intervención estatal como elemento
necesario para la estabilidad y el crecimiento sostenido, era la
ortodoxia. En lo que solía conocerse como el Tercer Mundo, el
desarrollismo era el enfoque dominante. Hubo una tendencia
conservadora del desarrollismo y otra progresista, pero ambas vieron
el Estado, más que el mercado, como el mecanismo central del
desarrollo.
En Filipinas, el neoliberalismo llegó por primera vez en la forma del
programa de ajuste estructural impuesto por el Banco Mundial a
principios de 1980, en un intento de este último de reforzar la
capacidad de la economía al servicio de su deuda externa abrumadora.
El ajuste estructural ayudó a desencadenar la crisis económica de
principios de 1980, su efecto de contracción significó el inicio de la
recesión mundial. [1] La crisis [de Filipinas] fue la peor desde la
Segunda Guerra Mundial, pero el papel de la economía neoliberal en
ella se vio empañado por su coincidencia con la profunda crisis
política desencadenada por el asesinato de Aquino en agosto de 1983.
Para la mayoría de los filipinos, Marcos fue la causa de ambas crisis.
¿Triunfo por defecto?
Durante el período de Aquino, la economía neoliberal comenzó su
ascenso a la supremacía ideológica.
En primer lugar, se asoció con varios intelectuales y tecnócratas
cercanos a la administración Aquino, que había sido fuertemente
influenciada por los gobiernos de Reagan y Thatcher sobre sus
experimentos de libre mercado en Estados Unidos y Gran Bretaña. Entre
ellos el economista Bernie Villegas y el secretario de Hacienda de
Cory Aquino, Jesús Estanislao. Otro centro clave del neoliberalismo
emergente fue la Escuela de Economía de la Universidad de Argentina,
que había redactado un Libro Blanco sobre la economía de Filipinas en
1985.
En segundo lugar, los análisis remitidos por estos intelectuales
estaban en sintonía con el sentir popular. Situaban los problemas
económicos del país en lo que se conoce como "capitalismo de amigos",
o el uso de las agencias estatales para favorecer los intereses
privados de algunos allegados del dictador [Ferdinand Marcos]. El
asalto directo sobre el estado keynesiano, tachado de ineficaz, fue la
característica más destacada del thatcherismo y el reaganismo y un
elemento subsidiario en el caso para la libertad de mercado.
En tercer lugar, no había alternativa creíble al neoliberalismo. El
desarrollismo keynesiano, que promovió el papel del Estado como factor
estratégico en la primera fase de la ascensión al desarrollo, se vio
comprometido por su personificación en la dictadura de Marcos. En
cuanto a la visión de la izquierda de "industrialización nacionalista"
o "nacional democrática" de la economía, no fue más allá de retóricas
y apenas había sido popularizado en el período anterior a la
sublevación de EDSA, tal vez debido a la prioridad que el Partido
Comunista ponía en la lucha anti-fascista, que exigía infravalorar la
opinión de que la democracia nacional es la antesala del socialismo,
para formar un frente amplio con los elementos anti-dictatoriales de
la élite. Luego, tras el levantamiento de EDSA, la articulación de una
alternativa fue desbaratada por la preocupación de la izquierda por
las consecuencias de su falta de participación en el acto final de la
expulsión de Marcos.
En resumen, la perspectiva neoliberal triunfó por defecto, y esta
ausencia de alternativas creíbles a nivel nacional fue complementada
por cuatro acontecimientos a nivel internacional: el colapso del
socialismo centralizado en Europa oriental, que parecía ofrecer el
golpe de gracia a la alternativa socialista, la crisis del modelo
socialdemócrata sueco, el aparente éxito de las revoluciones de Reagan
y Thatcher en la revitalización de las economías estadounidense y
británica, y el aumento de la reciente industrialización de Asia
Oriental. Los cuatro [acontecimientos] tuvieron un impacto en el
pensamiento de la clase media y las élites, que son, por cierto,
llamadas "clases llenas de palabrería" debido a su función discursiva
central en la legitimación de las perspectivas sociales y políticas.
¿Cómo fue interpretado el "milagro asiático" por los neoliberales?
Vale la pena observar cómo el aumento de las economías vecinas fue
interpretado por los neoliberales para mistificar el neoliberalismo.
En opinión de los neoliberales, la clave del el éxito de nuestros
vecinos era la hegemonía del mercado. Como dijo Jesús Estanislao, "el
gobierno se debe ocupar de una serie de actividades macroeconómicas,
como la construcción de infraestructura, por ejemplo, dejando todo lo
demás para el sector privado". Y eso es exactamente lo que Singapur,
Malasia, Indonesia y Tailandia han hecho, y eso es lo que México está
haciendo, y estamos empezando a hacerlo. "[2]
La realidad, sin embargo, es que si bien es cierto que en Indonesia,
Malasia y Tailandia, el Estado puede haber jugado un papel menos
agresivo que en Corea y Taiwán, el Estado fue el principal impulsor de
la industrialización. Por ejemplo, Tailandia comenzó a registrar tasas
de crecimiento del 8 al 10 por ciento, deslumbrando al mundo, cuando
dio inicio a una fase de "sustitución de importaciones"-el uso de la
política comercial para crear el espacio para el surgimiento de un
sector de bienes intermedios- durante la segunda mitad de la década de
1980 [3].
En el caso de Malasia, si bien es cierto que algunas privatizaciones y
la desregulación a favor de intereses privados se llevó a cabo a
finales de 1980, sería un error subestimar el impacto de estas
políticas. La compañía petrolera estatal, Petronas, fue siempre
calificada como una de las mejores de Asia del Este y una de las
empresas más innovadoras y exitosas en la región de Asia oriental era
el conjunto dirigido por el Estado bajo la fórmula del joint venture
entre una empresa estatal y una empresa de automóviles extranjeros,
Mitsubishi, que produjo el Proton Saga, emblema de Malasia, que llegó
la saga a controlar dos tercios del mercado nacional y generó un
beneficio para sus productores, un ejemplo de todos los pecados de la
política industrial que los economistas neoclásicos, como Estanislao,
habían advertido: trato fiscal discriminatorio para los competidores,
orientación estratégica industrial para manipular los incentivos de
mercado para crear una industria local de automóviles y presión a las
fuentes locales [fabricantes] de componentes para fomentar el
crecimiento de las industrias proveedoras locales [4].
En Indonesia, el Estado se mantuvo durante los años 1980 y 1990 como
actor clave en la economía, con empresas estatales aportando alrededor
del 30 por ciento del PIB total y cerca del 40 por ciento del PIB no
agrícola. Los gastos de capital como porcentaje del presupuesto del
gobierno llegaron al 47 por ciento en Indonesia mientras que en
Tailandia se elevó la cifra de 23 a 33 por ciento. En cambio, en
Filipinas, los tecnócratas de Aquino empujaron hacia abajo los gastos
de capital como porcentaje del presupuesto nacional del 26 a 16 por
ciento. Dado que el gobierno es el mayor inversor en una economía,
esta reducción radical de los gastos de capital no podía sino tener un
impacto en los resultados económicos. Mientras Filipinas crecía con un
1-2 por ciento nuestros vecinos lo hacían en tasas del 6 al 10 por
ciento.
En suma, nuestros tecnócratas neoliberales se deslumbraron hasta el
punto de envidiar el rendimiento de nuestros vecinos, pero no
identificaron correctamente la razón para ello. Alegaron que era el
mercado, cuando en realidad era el Estado. Si bien una cierta
liberalización que estaba produciendo en las economías de nuestros
vecinos, esa la liberalización era selectiva en el contexto de un
proteccionismo estratégico impulsado por el Estado, cuyo objetivo era
profundizar en la estructura industrial.
El apogeo del neoliberalismo
Estas ideas, por desgracia, tienen consecuencias y tal vez no hay
mejor manera de ilustrarlo que el esfuerzo para hacer de Filipinas un
NIC ( "país de reciente industrialización") en el año 2000, como se
dijo, a través de la globalización, es decir, la integración acelerada
de Filipinas en el mercado mundial y los circuitos de producción a
través del comercio y radical liberalización de las inversiones. El
neoliberalismo vivió su fase más doctrinaria y más influyente con el
gobierno del presidente Fidel Ramos.
Lo que podríamos llamar la "neoclasificación" de la tecnocracia de
Filipinas que se hizo en el gobierno Ramos no muestran tanto el
carácter de un golpe de estado intelectual como de un traspaso gradual
de las alturas estratégicas de la tecnocracia de libre mercado hacia
los ámbitos académico, gubernamental y empresarial, muchos de los
cuales habían realizado estudios en los años 1970 y 1980 en los
Estados Unidos y Gran Bretaña, cuando el estado keynesiano había
perdido su brillo y el neoliberalismo se había puesto de moda en los
departamentos de economía de las universidades de los EEUU. Muchos
hicieron sus postgrados en el Banco Mundial y el Fondo Monetario
Internacional, incluido el Ministro de Finanzas de Ramos, Roberto de
Ocampo. El y sus colegas que han desempeñado un papel destacado de
giro del país [hacia el neoliberalismo] actuaron así no sólo por la
presión externa del Banco Mundial y el FMI, sino también pos sus
creencias "impuestas, tal vez, pero también por dirección política
[del gobierno]"[5]. Además, surgió un amplio consenso" entre las
élites y la clase media en torno a las reformas de libre mercado"[6],
En cualquier caso, la revolución liberal había logrado una masa
crítica en el momento en que Ramos llegó al poder y su hegemonía se
consolidó durante su administración[7].
La pieza central del programa neoliberal durante este período fue la
liberalización arancelaria: la Orden Ejecutiva 264 de Filipinas se
comprometió a bajar las tarifas en todos los productos, menos algunos
sensibles, entre el 1-5 por ciento en 2004. En su afán de ponerse al
día con nuestros vecinos, lo que nuestros tecnócratas hicieron fue
copiar la impresionante tasa de crecimiento del Chile de Pinochet sin
ver la desindustrialización y la enorme crisis social provocada por
sus políticas de libre mercado.
Además de la liberalización arancelaria radical, el régimen de
inversión extranjera fue liberalizado, se flexibilizaron las normas
bancarias para que los bancos extranjeros estableciesen sus
operaciones en el país, y la cuenta de capital fue casi totalmente
liberalizada para atraer a los inversores especulativos, haciendo el
peso [moneda filipina] totalmente convertible, permitiendo la
utilización completa e inmediata de los beneficios, y la plena
utilización de las cuentas en moneda extranjera. En efecto, en la
unidad de la administración para alcanzar a sus vecinos, la atracción
de la inversión especulativa mediante la eliminación de las barreras
de entrada y salida de capital se convirtió en la vanguardia de su
estrategia la globalización.
La administración también garantizó que la liberalización se
mantendría con los regímenes sucesivos, siendo difícil el dar marcha
atrás en estas medidas. Filipinas se unió a la Zona de Libre Comercio
de la ASEAN (AFTA), con arancel preferencial de sus efectivos. Bajo
este esquema, el año próximo, 2010, todas las tarifas, excepto las de
arroz, se reducirán a 0 y 5 por ciento. Más importante aún, Filipinas
se unió a la Organización Mundial del Comercio en 1995, una medida que
exige la revisión de una gran cantidad de leyes que rigen el comercio,
la inversión, y los derechos de propiedad intelectual para que nuestro
ordenamiento jurídico sea "compatible con la OMC".
La economía creció una media del 4 por ciento durante el período de
Ramos, sobre todo porque después de los años de Aquino, no había lugar
a donde ir sino hacia arriba.
Consecuencias de la crisis financiera de Asia
Esta ilusión fue rota por la crisis financiera asiática de 1997. Los
fondos especulativos, unos 4.600 millones de dólares, salieron del
país. La salida masiva de capital resultó en una recesión y el
estancamiento de 1998 a 2000.
La crisis financiera asiática dio lugar a una recepción más crítica
del neoliberalismo en algunos círculos de elite y clase media. Se
comenzó a ver otros países, como Argentina, que debido a su
cumplimiento con el Acuerdo de la Organización Mundial del Comercio en
la Agricultura, la Argentina se transformó de un país exportador neto
de alimentos a un país importador neto de alimentos desde mediados de
la década de 1990. La liberalización de la industria de inicio con el
ajuste estructural de los años ochenta dio lugar a la erosión
irreversible de la base industrial del país. La lista de cierres de
industrias productoras de papel, textiles, cerámica, productos de
caucho, muebles y accesorios, productos petroquímicos, bebidas,
madera, zapatos, aceites de petróleo , accesorios de vestir, y
artículos de cuero es extensa. En los primeros años de esta década, la
industria textil del país se había reducido de 200 a menos de 10
empresas [8].
El veredicto más convincente de más de dos décadas de liberalización
lo dio el entonces secretario de Hacienda, Isidro Camacho, Jr., en
2003: "Hay una aplicación desigual de la liberalización del comercio,
que es una desventaja para nosotros" *9+ (…) "la reforma arancelaria
"ha matado a tantas industrias locales." [10] En otros países, la
pérdida de la base industrial local a menudo ha sido contrarrestada
por los neoliberales, citando mejoras en el bienestar de los
consumidores. Esto no fue posible en las Filipinas, donde la tasa de
pobreza se mantuvo estancada en 32-35 por ciento de la población.
Grupos de la sociedad civil, así como grupos de presión de la
industria local, como la Alianza de Libre Comercio (TLC) fueron
centrales en el descrédito de la doctrina neoliberal. Sin embargo, el
papel desempeñado por ciertos órganos de gobierno no debe ser
subestimado. Por ejemplo, el Departamento de Agricultura ha liderado
con éxito la oposición a una mayor liberalización del comercio
agrícola en la OMC. De hecho, este personal [del Departamento de
Agricultura] trabaja en estrecha colaboración con grupos de la
sociedad civil.
El enfoque doctrinario neoliberal, que fue dominante bajo la
administración Ramos ha dado paso en los últimos años a una
perspectiva más pragmática porque los datos disonantes ya no pueden
ser eliminados. Si bien la tendencia hacia la reducción de aranceles
sigue dominando, ahora hay varios casos de inversión. Por ejemplo, un
comité de revisión del gobierno constituido con arreglo a la Orden
Ejecutiva 241 plantea tarifas en 627 de 1371 bienes producidos
localmente para prestar socorro a las industrias que sufren la
competencia de las importaciones.
El reciente colapso de la economía mundial debido, entre otras cosas,
a la ausencia de regulación de los mercados financieros ha erosionado
aún más la credibilidad del neoliberalismo. Sin embargo, sigue
ejerciendo una fuerte influencia en nuestros economistas y gestores
económicos. En las recientes audiencias sobre el presupuesto en la
Cámara de Representantes, la liberalización del comercio se defiende
como conducente a una mayor "competitividad"; no se habla de la
posibilidad de renegociar nuestra deuda externa al parecer porque nos
dará una mala reputación en los mercados mundiales de capital, la
globalización sigue siendo alabada como la ola del futuro, y reducir
los gastos de capital para equilibrar el presupuesto, incluso si con
esto invitamos a una recesión más profunda [11].
¿Por qué esta invocación continua de los mantras neoliberales, cuando
las promesas del neoliberalismo han sido contradichas en cada ocasión
por la realidad?
En primer lugar, el discurso de la corrupción sigue siendo
generalizada para explicar el subdesarrollo de Filipinas. En este
discurso, el Estado es la fuente de corrupción, de manera que tener un
mayor papel del Estado en la economía, incluso como regulador, es
visto con escepticismo. Para muchos filipinos, y no sólo en el
discurso de configuración de la clase media, el estado de corrupción -
y no las relaciones de desigualdad generada por el mercado y la
erosión de los intereses económicos nacionales provocada por la
liberalización del comercio y los mercados de capitales - es
considerado como el mayor obstáculo para el desarrollo y el
crecimiento económico sostenido. No es éste el lugar para discutir
esta creencia en detalle, basta con decir en este punto que esta
supuesta correlación entre la corrupción y el subdesarrollo y la
pobreza tiene poca base en la realidad. [12]
En segundo lugar, a pesar de la profunda crisis del neoliberalismo, no
ha habido ningún paradigma alternativo creíble o discurso que ha
surgido, ya sea local o internacional. No hay nada como el reto que
plantea la economía keynesiana al fundamentalismo de mercado durante
la Gran Depresión. Los retos planteados por economistas estrellas como
Paul Krugman, Joseph Stiglitz, Dani Rodrik seguirán haciéndose dentro
de los límites de la economía neoclásica, con su ecuación de bienestar
social con la reducción del coste unitario de producción. Nos guste o
no, no sólo los economistas, los intelectuales en general, buscan
orientación en el extranjero, incluidas las de los críticos del
establecimiento.
Hay un tercer motivo. La economía neoliberal sigue proyectando una
imagen de la ciencia dura, debido a haber sido cuidadosamente
matematizada. A raíz de la reciente crisis financiera, la
formalización extrema y el matematización de la disciplina ha sido
objeto de críticas desde dentro de la profesión económica en sí, con
algunos alegando que la metodología más que de fondo se ha convertido
en el final de la práctica económica, con la disciplina, como
resultado, perdiendo su contacto con las tendencias del mundo real y
sus problemas. Podría valer la pena señalar que John Maynard Keynes,
una mente matemática sí misma, se opuso a la matematización de la
disciplina, debido precisamente a la falsa sensación de solidez que le
dio a la economía. Como señala su biógrafo, Robert Skidelsky, Keynes
era "famoso por su escepticismo acerca de la econometría", los números
para él eran "simplemente pistas, los disparadores para la
imaginación", en lugar de las expresiones de certezas o las
probabilidades de los acontecimientos pasados y futuros. [13]
Superar el neoliberalismo, en definitiva, implica ir más allá de la
adoración de los números que a menudo actúan como un sudario a lo
real, más allá del cientificismo con que se enmascara a sí mismo como
ciencia.
________________________________________
Walden Bello es miembro de la Cámara de Representantes de la República
de Filipinas. Anteriormente profesor de sociología en la Universidad
de Filipinas en Diliman, es autor o co-autor de 15 libros, el último
de los cuales es Guerras de Alimentos (Londres: Verso, 2009). También
es presidente de la Freedom from Debt Coalition y analista senior de
Focus on Global South.
Notas
[1] Charles Lindsay, "la economía política de la reforma de la
política económica en las Filipinas: La continuidad y la
Restauración", en Andrew McIntyre y Kanishka Jayasuriya, eds., La
dinámica de la reforma de la política económica en Filipinas
(Singapur: Oxford University Press, 1992).
[2] Jesús Estanislao, entrevistado por Marco Mezzera, 13 de noviembre de 1996.
[3] Véase Chaopath Sasakul, Lecciones de la experiencia del Banco
Mundial de los Préstamos de Ajuste Estructural (PAE): Un estudio de
caso de Tailandia (Bangkok: Tailandia Instituto de Investigaciones
para el Desarrollo, 1992), p. 19, y Narongchai Akrasanee, David
Dapice, y Frank Flatters, la exportación de Tailandia, encabezada por
el crecimiento: Retrospectiva y perspectivas (Bangkok: Tailandia
Instituto de Investigaciones para el Desarrollo, 1991), p. 17.
[4] Véase, entre otros, Richard Doner, "Las coaliciones nacionales y
empresas automovilísticas japonesas en el sudeste de Asia", tesis
doctoral, Universidad de California en Berkeley, 1987, pp. 511-596.
[5] Citado en Jenina Joy Chavez, configuración de la economía política
de Filipinas: el papel de los activistas neoclásicos (Manila: Modo,
1996), p. 9.
[6] Ibid.
[7] Ibid.
[8] Alianza de Comercio Justo, Stop desindustrialización: Vuelva a
calibrar Filipinas los Aranceles Aduaneros Ahora (Manila: Comercio
Justo de la Alianza, 2003), p. 16.
[9] Citado en Eric Boras, "gobierno pierde miles de millones a las
reducciones arancelarias," Business World, 20 de octubre de 2003.
[10] Ibid, p. 26
[11] Observaciones del representante Junio Cua, Presidente del Comité
de Asignaciones, durante las deliberaciones sobre el Presupuesto de la
República 2010 México, 6 de octubre de 2009.
[12] Véase Herbert Docena, "La corrupción y la pobreza: ladrando al
árbol equivocado", En Walden Bello, Herbert Docena, Marissa de Guzmán,
y Marylou Malig, eds., El Desarrollo Anti-Estatal: La economía
política de la crisis permanente en Filipinas (London: Zed Press, p.
281.
[13] Robert Skidelsky, John Maynard Keynes: La Economía como salvador
(London: Penguin Books, 1992).
23 de diciembre de 2009
La cultura en crisis
Si bien es cierto que la educación formal y como institución está en crisis a causa de imposturas escolares y didácticas surgidas, tal vez, por una dogmática y a menudo parcial y hasta deformada interpretación de ciertas corrientes psicológicas y pedagógicas que se convirtieron en la Biblia de muchos tecnócratas de las Ciencias de la Educación y, por su puesto, por los estragos del capitalismo que tiende a empobrecer cada vez más a los sectores populares ( empobrecimiento económico y educativo) con la única finalidad de asentar el dominio y la explotación, el neoliberalismo de la mano de sus cómplices intelectuales lleva adelante otra empresa que tiende a lograr la hegemonía total de una ideología única y a afianzar la injusticia que conlleva el imperio del capitalismo: esa operación es el empobrecimiento cultural de la población hasta sumirla en una creciente barbarie, incapaz de crítica, posibilidad de rebelión y determinación. En suma, el neoliberalismo excluye a extensas franjas de población (en todos los continentes) de la cultura.
Canalización mediática, repetición de slogans de propaganda, construcción de sujetos a la medida del sistema, vaciados de libertad, de creatividad y cada vez más alejados de la historia y los bienes culturales que han engendrado las generaciones, ausencia de memoria y lectura, gusto estereotipado por las urgencias mercantiles, lenguaje empobrecido y violento, relaciones paranoicas, casi en carne viva, donde el otro se presenta casi como un enemigo y no como un semejante, tal es el paisaje donde se mueven los habitantes del planeta.
Qué lejos parecen quedar los intentos de la educación promovida por los intelectuales de izquierda en las décadas del 20 y el 30, cuando los escritores, pintores, librepensadores, se reunían en torno a la utopía del saber y el esclarecimiento. Recordemos al famoso grupo de Boedo, cuya colección Los Pensadores enriqueció las modestas bibliotecas de los trabajadores, maestros y jóvenes que adquiría los números que publicaba la Editorial Claridad por unos centavos. A través de precarias ediciones se difundieron entre los trabajadores y la clase media los clásicos desde Homero, Ovidio y Cicderón, hasta Esquilo y Eurípides y los modernos como Shakespeare, Cervantes, Goethe, Balzac, Zola y pensamiento de Marx, Lenin, Diderot, Martí, Bolívar y muchos otros. Ingenuidad, utopismo, dirán algunos.- Los cierto es que esas heroicas patriadas a favor del saber y la difusión del pensamiento y la crítica tienen que ver con algo que ha caído: los ideales y con ellos todo lo que constituye las identificaciones y los proyectos, en un mundo vacío, sin brújulas ni porvenir, regido por el Amo Absoluto del mercado que convierte en mercancía todo lo que toca.
En este punto, nos preguntamos sobre el papel del intelectual en nuestros días que, por supuesto ya no será el del utopismo de los años 20 o el compromiso sartreano de los 60 o la militancia de los 70, sino una labor compleja y consustanciada con la época, con la ciencia, las comunicaciones, con los medios, en suma, la labor de una función de conciencia en la maquinaria de la época.
De todos modos, inscribimos nuestra admiración a la difusión masiva, pragmática y a la vez idealista del grupo de Boedo. Y por eso y pensando en el futuro y en el Bicentenario que nos aguarda levantamos las copas para brindar por un 2010 pleno de utopías y actos en pos de la unidad nacional y continental.
Canalización mediática, repetición de slogans de propaganda, construcción de sujetos a la medida del sistema, vaciados de libertad, de creatividad y cada vez más alejados de la historia y los bienes culturales que han engendrado las generaciones, ausencia de memoria y lectura, gusto estereotipado por las urgencias mercantiles, lenguaje empobrecido y violento, relaciones paranoicas, casi en carne viva, donde el otro se presenta casi como un enemigo y no como un semejante, tal es el paisaje donde se mueven los habitantes del planeta.
Qué lejos parecen quedar los intentos de la educación promovida por los intelectuales de izquierda en las décadas del 20 y el 30, cuando los escritores, pintores, librepensadores, se reunían en torno a la utopía del saber y el esclarecimiento. Recordemos al famoso grupo de Boedo, cuya colección Los Pensadores enriqueció las modestas bibliotecas de los trabajadores, maestros y jóvenes que adquiría los números que publicaba la Editorial Claridad por unos centavos. A través de precarias ediciones se difundieron entre los trabajadores y la clase media los clásicos desde Homero, Ovidio y Cicderón, hasta Esquilo y Eurípides y los modernos como Shakespeare, Cervantes, Goethe, Balzac, Zola y pensamiento de Marx, Lenin, Diderot, Martí, Bolívar y muchos otros. Ingenuidad, utopismo, dirán algunos.- Los cierto es que esas heroicas patriadas a favor del saber y la difusión del pensamiento y la crítica tienen que ver con algo que ha caído: los ideales y con ellos todo lo que constituye las identificaciones y los proyectos, en un mundo vacío, sin brújulas ni porvenir, regido por el Amo Absoluto del mercado que convierte en mercancía todo lo que toca.
En este punto, nos preguntamos sobre el papel del intelectual en nuestros días que, por supuesto ya no será el del utopismo de los años 20 o el compromiso sartreano de los 60 o la militancia de los 70, sino una labor compleja y consustanciada con la época, con la ciencia, las comunicaciones, con los medios, en suma, la labor de una función de conciencia en la maquinaria de la época.
De todos modos, inscribimos nuestra admiración a la difusión masiva, pragmática y a la vez idealista del grupo de Boedo. Y por eso y pensando en el futuro y en el Bicentenario que nos aguarda levantamos las copas para brindar por un 2010 pleno de utopías y actos en pos de la unidad nacional y continental.
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